lunes 12 de marzo de 2012

La izquierda perdió votos en El Salvador


La Alianza Republicana Nacionalista (ARENA) aventajó al Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional (FMLN) en las elecciones parlamentarias y municipales realizadas ayer en El Salvador. El partido revolucionario no logró recuperar la alcaldía capitalina, perdió varios de los principales distritos conurbanos que gobernaba y redujo su poder legislativo de 35 a 31 diputados.

A diferencia de los números parejos que definieron la victoria en otros municipios, ARENA ganó de manera aplastante en San Salvador, donde el actual alcalde duplicó la votación concitada por el candidato efemelenista Jorge Schafik Hándal. La ultraderecha se adjudicó también la mayoría de las cabeceras departamentales y pasó a ser la primera bancada parlamentaria con 33 escaños. Por su parte el partido GANA, una fracción de ARENA escindida tras la derrota presidencial del 2009, debutó en comicios conquistando 11 diputaciones e igual número de jefaturas locales, performance que la convierte en la tercera fuerza del país.

No cabe duda de que estos rendimientos adversos le deparan un paisaje preocupante al gobierno nacional del FMLN y su conducción partidaria de cara a la cita electoral prevista para comienzos del 2014. Uno de los principales desafíos será revertir la tendencia del electorado en la capital y en las grandes poblaciones aledañas como Soyapango, consideradas bastión inexpugnable de la izquierda. Al mismo tiempo se impone con urgencia analizar los resultados a la luz del plebiscito que la elección dejó planteada sobre la gestión del presidente Mauricio Funes, figura extrapartidaria convocada con acierto por la dirección farabundista como pieza clave para la victoria del 2009.

Aunque la cúpula de ARENA califica públicamente de “traidores” a los dirigentes emigrados a GANA –el ex presidente Tony Saca entre ellos– cabe suponer que ambos partidos se irán encaminando a cerrar filas sobre una candidatura en común. El propio Saca ha hecho explícito su deseo de reunir tras de sí a la derecha y volver a competir por la primera magistratura, pero las flamantes cifras favorecen con toda claridad las posibilidades de Norman Quijano, hoy intendente reelecto de San Salvador.

Dado que la Constitución Salvadoreña prohíbe la reelección de Funes, el FMLN no deberá perder tiempo en apuntalar su relevo. Suenan los nombres del vicepresidente Salvador Sánchez Cerén y de Sigfrido Reyes, presidente de la Asamblea Legislativa. El candidato surgirá en los próximos meses, que serán cruciales para contrarrestar el descontento y recobrar la confianza de los votantes perdidos ayer.

jueves 16 de febrero de 2012

Sintonía fina y errores gruesos


La representación argentina en la ONU votó ayer a favor de una nueva imposición diplomática imperial encaminada a fortalecer la ofensiva golpista contra los gobiernos árabes que no responden a su mandato. Como hiciera el año pasado avalando a los comandos que respaldados por la OTAN acabaron destruyendo y apoderándose de Libia, la Argentina respaldó esta vez una sanción internacional promovida para acorralar al gobierno de Siria, hoy enfrentado a esa misma campaña de desestabilización mercenaria que, como en Libia, las cadenas noticiosas mundiales traducen como “levantamientos populares violentamente reprimidos por el régimen”.

Desde luego, esta declaración auspiciada por Estados Unidos (más Francia, Reino Unido, Turquía, Arabia Saudita, Bahrein, Egipto, Emiratos Árabes Unidos, Jordania, Kuwait, Libia, Marruecos, Omán, Qatar y Túnez) obtuvo la negativa de las naciones latinoamericanas aliadas en el ALBA, como así también la oposición de China y Rusia.

La desvergonzada delegación argentina no tuvo siquiera la decencia cívica o la prudencia política de abstenerse. ¿Cuál es entonces el conflicto local con Clarín y La Nación si a gran escala se actúa en consonancia con la línea editorial de CNN y Fox? ¿Cómo es esto de reclamar soberanía y denunciar la progresiva militarización de las Malvinas cuando al mismo tiempo se apoyan los planes guerreristas de Cameron y Obama en Medio Oriente?

En cuanto a la verdad del asunto, a los datos reales de lo que está ocurriendo en Siria, hay que decir lo siguiente: basta de datos, sabihondonerías e informitos especiales de los eruditos. Sabemos de qué va la cosa y estamos hartos de esta sanata y sinfín de guerras “en defensa de la democracia y los derechos humanos”. Es decir, cualquier persona de bien se pregunta, sencillamente: ¿Cómo es que en todos los conflictos están entrometidos estos que denuncian la existencia de armas nucleares siendo que son la primera potencia nuclear y los únicos en haber arrojado no una sino dos bombas atómicas?

¿Vamos a estar nosotros a favor de ellos? ¿De ellos, los que nos votaron en contra cuando Malvinas? ¿De ellos, los directivos supremos del Plan Cóndor? ¿De los invasores de Corea, Guatemala, Cuba, Vietnam, Nicaragua, Granada, El Salvador, Yugoslavia, Irak, Afganistán? ¿De los humanitarios que rieron al ver cómo remataban al viejo Kadafi? ¿De los bloqueadores de Cuba? ¿De los enemigos jurados de Chávez y Evo? ¿De los que atentaron 638 veces contra la vida de Fidel Castro? ¿De los defensores de Posada Carriles? ¿De los carceleros de los 5? Estamos todos locos…

En vez de votar a favor de resoluciones tan peligrosas, nuestra diplomacia debería defender en la ONU los intereses de la mayoría del pueblo al que representa, y la mayoría del pueblo argentino –quiero creer– no quiere más guerras en el mundo, en ningún lugar de mundo.

Queremos vivir en paz para poder resolver nuestras vidas en común, para ayudar a nuestros hijos y demás seres queridos, para seguir haciendo revolución y revoluciones, en paz. Que no nos jodan más la vida.

Si no detenemos esta escalada de guerras vamos directo a la hecatombe. Y ojo, mucho ojo, que a los responsables de este infierno les importa nada que se vaya todo al demonio, y para justificarse cuentan con toda una parafernalia religiosa literalmente diabólica, satánica, para la cual matar a cientos de miles de un solo bombazo vale como un acto misericordioso.

Pienso en los desaparecidos, en el Negrito Avellaneda, en las japonesas y japoneses de Hiroshima y Nagasaki. Pienso en nuestros compatriotas caídos en Malvinas y en aquellos que volvieron, hechos mierda. Pienso en las bombas de 500 libras, los helicópteros y en los dos millones de dólares diarios que invirtió el Pentágono durante doce años para intentar deshacerse de la guerrilla salvadoreña. Pienso en los incalificables autoatentados a las Torres Gemelas. Pienso en Honduras. Pienso en Libia.

Pienso en que los diputados nacionales de Nuevo Encuentro debieran abrir de inmediato el debate sobre la derogación de la Ley Antiterrorista que –sin debate alguno y haciendo caso omiso de la opinión generalizada del palo– terminaron aprobando junto a la bancada del FPV a fines del año pasado.

Y pienso en algo más: en que las diferentes organizaciones juveniles, ya sean políticas, estudiantiles, gremiales, barriales, culturales, artísticas, deportivas, religiosas, etc., debieran de una vez por todas convocarse a un ámbito concreto de reunión que les permita coordinar las iniciativas necesarias para recuperar en conjunto el espíritu y la movilización pacifista que ayer fueron “el áurea misma de tu sexo”.

JBE

PD: Todas las hojas son del Flaco.




martes 17 de enero de 2012

Revoluciones abiertas de América Latina

Yo tenía doce años cuando el asalto al Moncada, dieciséis cuando el desembarco del Granma, dieciocho cuando los guerrilleros entraron, victoriosos, en La Habana. Los hombres de mi generación hemos tenido la suerte de coincidir, en el tiempo, con la Revolución Cubana. Desde temprano se nos mezcló en la vida y se nos metió en el alma.Junto a muchos millones de hombres, celebro esta revolución como si fuera mía.Ella me ha transmitido fuerzas cuando me he sentido caer. Me ha contagiado energía, día tras día, año tras año, a lo largo del proceso que la puso a salvo de la derrota o la traición. Cuba rompió en pedazos la estructura de la injusticia y confirmó que la explotación de unas clases sociales por otras y de unos países por otros no es el resultado de una tendencia “natural” de la condición humana ni está implícita en la armonía del universo. Muchas murallas se ha llevado por delante este viento de buena furia popular.  
La colonia se hizo patria y los trabajadores, dueños de su destino. La mujer dejó de ser una pasiva ciudadana de segunda clase. Se acabó el desarrollo desigual que en toda América Latina castiga al campo a la par que hincha a unas pocas ciudades babilónicas y parasitarias. Se borró la frontera que separa el trabajo intelectual del trabajo manual, resultado de las tradicionales mutilaciones que nos reducen a una sola dimensión y nos fracturan la conciencia.No ha resultado ningún paseo esta hazaña, ni ha sido lineal el camino. Cuando son verdaderas, las revoluciones se hacen en las condiciones posibles. En un mundo que no admite arcas de Noé, Cuba ha creado una sociedad solidaria a un paso del centro del sistema enemigo. En todo este tiempo, yo he amado mucho a esta revolución. Y no solo en sus aciertos, lo que resultaría fácil, sino también en sus tropezones y en sus contradicciones.También en sus errores me reconozco: este proceso ha sido realizado por sencillas gentes de carne y hueso, y no por héroes de bronce ni máquinas infalibles.La Revolución Cubana me ha proporcionado una incesante fuente de esperanza. Ahí están, más poderosas que toda duda o reparo, esas nuevas generaciones educadas para la participación y no para el egoísmo, para la creación y no para el consumo, para la solidaridad y no para la competencia. Y ahí está, más fuerte que cualquier desaliento, la prueba viva de que la lucha por la dignidad del hombre no es una pasión inútil, y la demostración, palpable y cotidiana, de que el mundo nuevo puede ser construido en la realidad y no solo en la imaginación de los profetas.
Eduardo Galeano, "Yo tenía doce años cuando el asalto al Moncada", 1978

domingo 1 de enero de 2012

En una estación de buen tiempo

George y Alice Smith bajaron del tren en Biarritz un mediodía de verano y antes que pasase una hora ya habían ido del hotel a la playa, se habían metido en el mar y habían salido a tostarse en la arena.

Al ver a George Smith quemándose allí, tendido, abierto de brazos y piernas, uno hubiera pensado que era sólo un turista que había sido traído en avión, fresco, congelado como una lechuga, y que pronto sería trasbordado. Pero aquí estaba un hombre que amaba el arte más que la vida misma.

-Vaya... –suspiró George Smith.

Otra onza de transpiración se le escurrió por el pecho. Evapora el agua corriente de Ohio, pensó, y luego bebe el mejor bordeaux. Deposita en tu sangre rico sedimento francés, ¡y verás con ojos nativos!

¿Por qué? ¿Por qué comer, respirar, beber todo francés? Porque así, con el tiempo, empezaría a entender realmente el genio de un hombre.

Se le movieron los labios, formando una palabra.

-¡George? –Su mujer asomó sobre él.- Sé lo que pensabas. Puedo leerte los labios.

George Smith no se movió, esperando.

-¿Y?

-Picasso –dijo Alice.

George Smith se estremeció. Algún día ella aprendería a pronunciar ese nombre.

-Por favor –dijo Alice-. Descansa. Sé que oíste el rumor esta mañana, pero tendrías que verte los ojos..., ese tic otra vez. Bueno; Picasso está aquí, en la costa, a pocos kilómetros, visitando a unos amigos en una aldea de pescadores. Pero tienes que olvidarlo o te arruinarás las vacaciones.

-Desearía no haber oído nunca ese rumor –confesó George Smith.

-Si por lo menos te gustaran otros pintores –dijo Alice.

¿Otros? Sí, había otros. Podía desayunarse satisfactoriamente con las peras otoñales y las ciruelas de medianoche de las naturalezas muertas de Caravaggio. Para el almuerzo: esos girasoles de Van Gogh, retorcidos, chorreando fuego, esas flores que un ciego podría leer pasando rápidamente los dedos chamuscados por la tela en llamas. ¿Pero el gran banquete? ¿Los cuadros que le reservaba a su paladar? Allí, cubriendo el horizonte, como un Neptuno naciente, coronado de algas, alabastro, y coral, y blandiendo pinceles como tridentes en los puños de uñas de cuerno, y con una cola de pez suficientemente grande como para derramar lloviznas de verano sobre todo Gibraltar... ¿quién, si no el creador de Mujer delante de un espejo y Guernica?

-Alice –dijo George Smith pacientemente-, ¿cómo explicártelo? Viniendo en el tren pensé: Señor, ¡es todo territorio de Picasso!

¿Pero era así realmente?, se preguntó. El cielo, la tierra, la gente, los ruborosos ladrillos rosados aquí, los balcones de espirales de hierro azul eléctrico allá, una mandolina madura como una fruta en las manos de mil huellas digitales de algún hombre, jirones de carteleras que volaban como confetti en los vientos nocturnos..., ¿cuánto era Picasso, cuánto George Smith que miraba fijamente alrededor con apasionados ojos picassianos? Renunció a una respuesta. Aquel viejo había destilado trementinas y aceite de linaza tan enteramente a través de George Smith que los líquidos le habían modelado el ser, todo período azul a la caída de la tarde, todo período rosa a la hora del alba.

-He estado pensando –dijo George Smith en voz alta-, si ahorramos dinero...

-Nunca tendremos cinco mil dólares.

-Ya sé –dijo George serenamente-. Pero es hermoso pensar que podemos reunirlos un día. ¿No sería magnífico ir a verlo y decirle: "Pablo, ¡aquí tienes cinco mil! Danos el mar, la arena, aquel cielo, o cualquier cosa vieja que se te ocurra, y seremos felices..."?

Pasó un rato y Alice le tocó el brazo.

-Sería mejor, me parece, que ahora te metieras en el agua –dijo.

-Sí –dijo él-. Sería mejor.

Un fuego blanco subió derramándose cuando George Smith cortó el agua.

A la tarde, George Smith salió del mar y entró en el mar con los vastos y rebosantes movimientos de la gente ya sofocada, ya fresca, que al fin, al dclinar el sol, con colores de langosta, de gallinas de Guinea y de pollos asados en los cuerpos, regresó trabajosamente a sus hoteles de tortas de bodas.

La playa fue un desierto de innumerables kilómetros y kilómetros. Sóo quedaron dos personas. Una era George Smith, con la toalla al hombro, preparado para un último acto de devoción.

Lejos en la costa otro hombre más bajo, cuadrado de hombros, caminaba a solas en el día tranquilo. Estaba muy tostado, el sol le había teñido casi de color caoba la afeitada cabeza, y los ojos claros le brillaban como agua en la cara.

El tablado de la playa estaba armado; pocos minutos más y los dos hombres se encontrarían. Otra vez el Destino arreglaba las escalas de los sobresaltos y las sorpresas, las partidas y las llegadas. Y entretanto los dos caminantes solitarios no pensaban un solo instante en coincidencias, en esa corriente sumergida que se demora junto al codo de un hombre en toda multitud en toda ciudad. Ni consideraban que si un hombre se atreve a sumergirse en esa corriente sale con una maravilla en cada mano. Como la mayoría, se encogían de hombros ante tales locuras y se mantenían bien lejos de la orilla, no fuera que el Destino los arrastrara.

El desconocido estaba solo. Mirando alrededor vio su soledad, vio el gua de la hermosa bahía, vio el sol que se deslizaba por los últimos colores, y luego, volviéndose a medias, descubrió en la arena un pequeño objeto de madera. No era más que el delgado palito de un exquisito helado de limón, fundido hacía mucho tiempo. Sonriendo, recogió el palito. Con otra mirada alrededor, para confirmar su soledad, el hombre se agachó de nuevo, y sosteniendo suavemente el palito, con leves movimientos de la mano, se puso a hacer eso que sabía hacer mejor que ninguna otra cosa en el mundo.

Se puso a dibujar increíbles figuras en la arena.

Trazó una figura, y luego se adelantó, y todavía con los ojos bajos, totalmente fijos en su trabajo ahora, dibujó una segunda y una tercera figura, y luego una cuarta y una quinta y una sexta.

George Smith venía imprimiendo sus pisadas en la línea de la costa y miraba aquí, miraba allá, y de pronto vio al hombre. George Smith, acercándose, vio que el hombre, muy quemado por el sol, estaba inclinado hacia delante. Más cerca aún, y ya se veía qué hacía el hombre. George Smith rió entre dientes. Por supuesto, por supuesto... Solo en la playa este hombre -¿De qué edad? ¿Sesenta y cinco? ¿Setenta?- hacía monigotes y garabatos. ¡Cómo volaba la arena! ¡Cómo los disparatados retratos se confundían en la playa! Cómo...

George Smith dio otro paso y se detuvo, muy quieto.

El desconocido dibujaba y dibujaba, y no parecía sentir que alguien estuviese detrás de él y del mundo de sus dibujos en la arena. Estaba ahora tan profundamente hechizado por su creación solitaria que si unas bombas de profundidad hubieran estallado en la bahía, la mano volantes no se le hubiera detenido, ni él hubiese vuelto la cabeza.

George Smith miró la arena y luego de un rato, mirando, se puso a temblar.

Pues allí en la arena lisa había figuras de leones griegos y chivos mediterráneos y doncellas de carnes de arena como polvo de oro y sátiros que tocaban cuernos tallados y niños que bailaban derramando flores a lo largo y a lo largo de la playa con corderos que brincaban detrás y músicos que se precipitaban a sus arpas y sus liras, y unicornios que llevaban a jóvenes a prados, bosques, templos en ruinas y volcanes lejanos. A lo largo de la costa, en una línea ininterrumpida, la mano, el punzón de madera de este hombre que se inclinaba hacia delante, febril, goteando sudor, iba y venía en curvas y cintas, enlazaba encima y arriba, adentro, afuera, hilvanaba, susurraba, se detenía, se apresuraba luego como si esta móvil bacanal debiera florecer del todo antes que el mar apagara el sol. Veinte, treinta metros o más de ninfas y criadas y fuentes de verano manaron en desenredados jeroglíficos. Y a la luz moribunda la arena tenía un color de cobre fundido donde ahora se había grabado un mensaje que cualquier hombre de cualquier tiempo podría leer y saborear a lo largo de los años. Todo giraba y se posaba en su propio viento y su propia gravedad. Ahora los pies danzantes teñidos de sangre de uvas de las hijas de los viñateros exprimían vino, ahora mares humeantes daban nacimiento a monstruos acuñados como monedad, mientras que cometas florecidas esparcían perfume en nubes que se llevaba el viento... ahora... ahora...

El artista se detuvo.

George Smith dio un paso atrás, apartándose.

El artista alzó los ojos, sorprendido, pues no esperaba encontrar a alguien tan cerca. Luego, inmóvil, se quedó mirando de George Smith a sus propia creaciones, extendidas como pisadas ociosas camino abajo. Sonrió al fin y se encogió de hombros como diciendo: Mira lo que he hecho, ¿has visto qué niño? Me perdonarás, ¿no es cierto? Un día u otro todos hacemos tonterías... ¿Tú también quizá? Así que permítele esto a un viejo loco, ¿eh? ¡Bien! ¡Bien!

Pero George Smith no hacía más que mirar al hombrecito de piel oscurecida por el sol y ojos claros y penetrantes, y al fin se dijo a sí mismo el nombre del viejo, una vez, en un susurro.

Los dos hombres estuvieron así quizá otros cinco segundos. George Smith con los ojos clavados en el friso de arena, y el artista observando a George Smith con divertida curiosidad. George Smith abrió la boca, la cerró, alargó la mano, la recogió. Dio un paso adelante hacia los dibujos, dio un paso atrás. Luego se movió a lo largo de la línea de figuras como un hombre que contempla una preciosa serie de mármoles de alguna antigua ruina caídos en la costa. No parpadeaba. La mano deseaba tocar, pero no se atrevía a tocar. George Smith quería correr, pero no corría.

Miró de pronto hacia el hotel. ¡Corre, sí! ¡Corre! ¿Qué? ¿Traer una pala, excavar, salvar un pedazo de esta arena que se desmenuza demasiado? ¿Encontrar un albañil, arrastrarlo aquí de prisa con un poco de yeso para sacar un molde de un frágil trozo? No, no. Tonto, tonto. ¿O...? Los ojos de George Smith se volvieron chispeando hacia su ventana en el hotel. ¡La cámara! Ráido, tómala, tráela, y corre a lo largo de la costa, y clic, clic, y cambia la película, y clic, hasta que...

George Smith se volvió hacia el sol, que le ardió débilmente en la cara. Los ojos de George Smith fueron dos llamas pequeñas. El sol estaba hundiéndose en el mar, y mientras él miraba desapareció del todo en unos pocos segundos.

El artista se había acercado y ahora contemplaba la cara de George Smith con mucha simpatía, como si estuviese leyéndole todos los pensamientos. Ahora asentía con breves movimientos de cabeza. Ahora el palito de helado se le había caído casualmente de los dedos. Ahora decía buenas noches, buenas noches. Ahora se iba, caminando playa abajo, hacia el sur.

George Smith se quedó mirándolo. Pasó un minuto, y luego hizo lo único que podía hacer. Partió del principio del fantástico friso de sátiros y faunos y doncellas que se bañaban en vino, y de unicornios, y de jóvenes flautistas, y caminó lentamente por la playa. Hizo un largo camino mirando la bacanal que corría libremente. Y cuando llegó al fin de los animales y los hombres, se volvió y caminó de vuelta en la otra dirección con los ojos bajos como si hubiese perdido algo y no supiese bien dónde podía encontrarlo. Siguió así hasta que no hubo más luz en el cielo o en la arena.

George Smith se sentó a cenar.

-Llegas tarde –dijo su mujer-. Tuve que bajar sola. Estaba hambrienta.

-No importa.

-¿Nada interesante en tu paseo?

-No.

-Estás raro, George. ¿Te alejaste mucho nadando y casi te ahogas? Te lo veo en la cara. Te alejaste demasiado de la costa, ¿no es cierto?

-Sí –dijo George Smith.

-Bueno –dijo Alice, mirándolo con atención-. No lo hagas otra vez. Vamos, ¿qué quieres comer?

George Smith volvió la cabeza y cerró los ojos un momento:

-Escucha.

Alice escuchó.

-No oigo nada –dijo.

-¿No oyes nada?

-No. ¿Qué es?

-Sólo la marea –dijo George Smith al cabo de un rato, sentado a la mesa, con los ojos todavía cerrados-. Sólo la marea que sube.


Ray Bradbury








jueves 15 de diciembre de 2011

Dolores de cabeza


Es bello ser comunista
aunque cause muchos dolores de cabeza.

Y es que el dolor de cabeza de los comunistas
se supone histórico, es decir
que no cede ante las tabletas analgésicas
sino sólo ante la realización del Paraíso en la tierra.
Así es la cosa.

Bajo el capitalismo nos duele la cabeza
y nos arrancan la cabeza.
En la lucha por la Revolución la cabeza es una bomba de retardo.

En la construcción socialista planificamos el dolor de cabeza
lo cual no lo hace escasear, sino todo lo contrario.
El comunismo será, entre otras cosas,
una aspirina del tamaño del sol.

Roque Dalton



El poema pertenece al libro “Taberna y otros lugares”, publicado originalmente en Cuba durante el año 1969 y ganador del premio que Casa de las Américas otorgó aquel mismo año en el género de poesía. El título refiere a la famosa cervecería “U Fleku” de Praga, la capital checa donde Roque vivió parte de su exilio entre 1966 y 1967, antes de volver a La Habana, allí donde muy probablemente se grabó este momento:  

jueves 17 de noviembre de 2011

Sobre una repugnante nota del Partido Obrero


Con la firma de Alejandro Guerrero y el título de “Fanny Edelman y la leyenda estalinista”, la prensa del Partido Obrero publicó en su último número una nota dedicada a ultrajar la trayectoria de la presidenta del Partido Comunista, fallecida en días recientes a la infinita edad de 101 años.

Dicho artículo no certifica más que la miserable calidad humana y por ende política de su autor y de quienes conducen el agrupamiento que, con oportuna amplificación mediática, se autoproclama “la izquierda” argentina. La atontada mescolanza de personajes y rebuscados escenarios históricos que allí se mencionan denota su exclusiva intención de denigrar a la mujer ausente y al Partido que eligiera en vida. El tono demencial y la idiotez de su contenido quedan plasmados con desopilante elocuencia desde el primer párrafo: “También dicen -los que la homenajean- que fue ‘una incansable defensora de los derechos de los trabajadores’, aunque alguna vez le gritó ‘impertinente’, en Corea del Norte, a un periodista que le preguntó por qué no les daban protectores auditivos a los obreros de una fábrica de Pyongyang que se estaban quedando sordos”.

Es improbable que semejante proeza del culto a la alcahuetería, el desprecio y la difamación gratuita sea capaz de infestar la curiosidad de una lectura honesta. Cualquiera que haya formado parte activa de las luchas populares libradas desde 1983 –fecha de nacimiento del PO– puede dar perfecta cuenta del rol dañino jugado por una militancia sistemáticamente empeñada en imponer con soberbia su sectaria intransigencia “socialista” en el seno de los debates, a la hora de amalgamar el conjunto diverso de opiniones individuales y colectivas interesadas en fortalecer la voluntad común indispensable para su éxito. Hagamos sino historia no muy antigua y vayamos mejor a la escena de una asamblea: la mayoría de los participantes argumentará lo suyo sin perder de vista la verdad ofrecida con el argumento ajeno, buscará encontrar puntos de coincidencia, limar asperezas, abrir espacios de fraternidad que ayuden a defender, agilizar y ampliar las medidas impulsadas desde el gobierno a favor del pueblo; otros insistirán a los gritos en que hay que oponerse al régimen, dirán que Cristina es Menem sin patillas, declararán su apoyo “obrero” al campo golpista de los garcas y su preferencia ciudadana por Macri, pedirán para sí un voto de lástima aprovechando los canales públicos y el respaldo “obrero” cedido por los multimedios, luego brindarán con champagne en el estudio de Chiche Gelblung, y nos exhortarán por fin (¡¡Compañeros!!) a solidarizarnos con los obreros sordos de Pyongyang y condenar al kirchnerismo kimilsumista koreano.

Quisiéramos creer que se trata nomás del acto irresponsable de un insignificante imbécil que no representa el espíritu de todos los afiliados y simpatizantes del PO, con quienes marchamos juntos hace un año acompañando el dolor causado por el asesinato de Mariano Ferreyra, sumando nuestras propias banderas rojas al reclamo indignado de su esclarecimiento. Pero como hiciera tras la muerte de Gladys Marín, inolvidable presidenta del Partido Comunista Chileno, el órgano de propaganda de “la izquierda” pisotea las rosas todavía frescas conque despedimos a la camarada Fanny y celebra la muerte del Partido Comunista Argentino. Así obra el comando del PO dirigido por Jorge Altamira, supuesto gran defensor de la clase trabajadora, patético desquiciado que afirmó en más de una oportunidad la escalofriante convicción de que si llegara al gobierno –la jornada rural en que las vacas vuelen– su primer decreto sería “fusilar a todos los comunistas”.

Sin embargo los muertos que ellos matan gozan de buena salud, igual que el ejemplo inmortal de estas dos hijas del proletariado latinoamericano, ambas mundialmente respetadas y reconocidas por su pródiga labor en pos de los derechos económicos, laborales, políticos, sociales, ambientales, femeninos y reproductivos de la humanidad.

Chau Fanny
madre querida
orgullo del Partido Comunista
maestra del amor al prójimo
bella flor del pueblo argentino



domingo 6 de noviembre de 2011

Madre

Madre, en tu día
no dejamos de mandarte nuestro amor
Madre, en tu día
con las vidas construimos tu canción

Madre, que tu nostalgia se vuelva el odio más feroz
Madre, necesitamos de tu arroz
Madre, ya no estés triste, la primavera volverá
Madre, con la palabra “libertad”
Madre, los que no estemos para cantarte esta canción
Madre, recuerda que fue por tu amor

Madre, en tu día
—Madre Patria y Madre Revolución—
Madre, en tu día
tus muchachos barren minas de Haiphong
tus muchachos barren minas de Haiphong

Silvio Rodríguez



La infinita Fanny

Las compañeras y compañeros del PC despedimos la semana pasada a Fanny Edelman, presidenta de nuestro Partido, fallecida el martes a la edad de 101 años. Sobre la estela de su partida, en nuestros corazones, queda brillando la infinita luz de su alma, fuente sagrada de inspiración para seguir luchando por una sociedad cuyas riquezas naturales y productos del trabajo se compartan entre todos sus integrantes de manera solidaria, ecuánime y armónica.

Personalmente, me despido también de mi vecina, de la señora que vivía aquí a la vuelta, en el 429 de la calle Cochabamba, esquina Defensa. Merodeando por allí una tarde de febrero, Día de los Enamorados, me crucé casualmente con una de sus mejores amigas y camaradas, Tati, custodia personal de los archivos históricos del Partido Comunista, en la profundidad de los cuales –se cuenta– Osvaldo Bayer supo bucear una larga temporada. “Estoy aquí en lo de Fanny”, me explicó. Dicho encuentro fue la señal perfecta para reparar el trance solitario que me había deparado la fecha: aún podía regalarle a Fanny mis flores de San Valentín. Y así, con un ramo de margaritas blancas, llevo yo mi recuerdo barrial de ella, en su hogar, entre magníficas plantas interiores, libros, ventanales al sur y otro sinfín de íntimas cosas que ahora son el paisaje que más la extraña.

Días después la visité en su oficina del Comité Central para una breve entrevista documental ávida de saborear, de primera mano, algunas imágenes de la gran aventura vivida junto a los hombres y mujeres del mundo entero que se alistaron para defender a España de las armas del fascismo. Su memoria me condujo a 1936, el año en que murieron Lola Mora y Gardel:

Eran los tiempos del golpe de Uriburu y Justo cuando empecé a vincularme con los presos comunistas y anarquistas. Así me incorporé al Socorro Rojo, donde me propusieron afiliarme al Partido Comunista. Dije que sí sin saber qué era el comunismo ni cuáles eran sus ideales, pero empezando a comprender que la dictadura y su efecto sobre las condiciones de vida del pueblo tenían una relación íntima. Esos años fueron determinantes para mi futuro. Me convertí en una militante, y en el fragor de la lucha conocí al que sería mi compañero para siempre, Bernardo Edelman.

Bernardo era periodista de La Vanguardia, órgano de difusión del Partido Socialista, que en ese momento estaba sumido en una fuerte discusión interna destinada a fracturarlo. Tan así que Bernardo optó por madurar sus divergencias yendo a escribir para la prensa de la Federación Nacional de la Construcción, sindicato que jugó un papel crucial en la huelga general del ‘36. El 1936 fue un año de paros y manifestaciones obreras contundentes, al punto que aceleraron el reingreso al Senado del proyecto de Ley de Represión al Comunismo que sirvió para perseguir al conjunto de la izquierda nacional. Bernardo y yo nos casamos ese mismo año, cuando estalló la Guerra Civil Española.

En aquel momento se realizaban también las Olimpiadas de Berlín. Había muchos deportistas que al concluir su participación en los juegos, con las medallas flamantes colgando del cuello, se iban directo a España para incorporarse a los frentes. Bernardo se enteró de las Brigadas Internacionales y resolvió, junto con un amigo, unirse a ellas. Llegó una noche a casa y me dijo: “¿Qué te parece si me voy?”. Le contesté: “Claro que sí. NOS vamos”.

Los argentinos dimos origen a un movimiento solidario que desplegó una presencia enorme en todo el país. Pese al trabajo conspirativo de la Sección Especial de la Policía, fue una labor increíble de ayuda política y material. Comida, ropa, ajuares tejidos por las mujeres de aquí para los bebés que nacían en el bando republicano. Contábamos con el apoyo de Ángel Gallardo, embajador de la República Española, un católico militante a quien no le preocupaba que la ayuda proviniera de socialistas, comunistas o anarquistas. Baiocco, un compañero de la colectividad italiana, era el encargado de la salida ilegal de los compas que iban para España. El PC tenía por entonces mucha influencia entre las colectividades extranjeras.

Por su parte, el Partido Socialista le entregó a Bernardo 500 pesos: 250 para pagar la tercera clase del barco en que viajamos, y 250 para moverse a su llegada a París. Los 500 pesos necesarios para mi propio pasaje se reunieron gracias a la colecta organizada por mis compañeros. Nuestra ruta de ingreso a la guerra arrancó en septiembre del ‘37, zarpando desde Montevideo a bordo del carguero “Olympier”. Viajamos con un grupo de españoles y un periodista argentino del que se me escapa el nombre. También iban unos búlgaros radicados en Comodoro Rivadavia y unos albaneses que vivían en el conurbano bonaerense. Al cabo del Atlántico interminable por fin desembarcamos en el puerto belga de Amberes, y de ahí en tren hasta París, donde inmediatamente contactamos al Socorro Rojo Francés.

París era el punto donde se coordinaba toda la acción solidaria mundial. El movimiento antifascista levantado en Europa había sido ya despertado a comienzos de la década, cuando Henri Barbusse, Romain Rolland, Thomas Mann y el propio Albert Einstein convocaron a una reunión de intelectuales que alertó a los pueblos sobre el peligro que representaba el nazismo en Alemania. En esos días que estuvimos en París se inauguró la Exposición Internacional Anual y con Bernardo aprovechamos para verla. Entre toda esa serie de obras exquisitas había una que destacaba por su imponencia. Era el “Guernica” de Pablo Picasso.

En la embajada española en París tramitamos los papeles necesarios y partimos hacia Perpignan, y de Perpignan a Cerbère, frontera con Portbou, primera ciudad catalana en la provincia de Girona. Al llegar a Barcelona nos vinculamos con el Partido Comunista, que nos propuso movilizamos a Madrid con las milicias populares, germen del ejército que unificó la dirección de las guerrillas con el objetivo apremiante de garantizar la defensa de la capital.

Yo me reportaba al Socorro Rojo y Bernardo a la Unión de Juventudes Socialistas. Bernardo era corresponsal de guerra del periódico La Nueva España, una tirada de sesenta mil ejemplares que publicaba la Federación de Organizaciones de Solidaridad con la Guerra Civil Española, que incluía entre muchas a la Comisión Argentina de Mujeres y a los Jóvenes de Ayuda a la España Leal. El Socorro Rojo tenía como tarea fundamental abastecer las necesidades de las tropas, distribuir los alimentos, vestimentas, calzados, y cuidar además a los familiares de los combatientes.

Contra todos nuestros deseos y convicciones, tuvimos que volvernos a la Argentina por pedido del Partido Socialista. Bernardo se negó hasta el último momento a abandonar su trinchera, y aquel regreso forzado lo terminó de convencer que había llegado la hora de pasarse conmigo al Partido Comunista.

Salimos de España a fines de 1938. Cruzando la alta frontera de los Pirineos los soldados me quitaron una carta hermosa que me había llegado desde Buenos Aires, escrita por mi hermano, David Jacovkis. Les rogué por favor que no me la quitaran, pero tenían órdenes estrictas de no dejar salir un solo papel. La política oficial de los ingleses, franceses y norteamericanos fue de una perfidia inimaginable. La carretera hacia París estaba abarrotada de pertrechos que el gobierno francés había prohibido dejar pasar. Mi madre, Aída, de origen ruso, murió mientras yo estaba allá en la guerra.
El siglo tempestuoso avanzó entre gigantescas olas revolucionarias y contrarrevolucionarias. Los monstruos enviados desde el abismo imperial se devoraron miles, millones de compañeros. Fanny se mantuvo aferrada a su barca de velas rojas, salvando vidas, hundiendo dictaduras, sacando la democracia a flote, desafiando a los cantos del arrecife que amenaza hundirnos y que a diario nos convida para abandonar cubierta. Las estrellas de la liberación guiaron el rumbo de sus sueños, y llegó al Mar de la China, a los golfos de Vietnam, a las costas de Cuba y Nicaragua. En la mañana borrascosa de los ochenta avistó el faro más alto de El Salvador.

Sus últimos actos políticos fueron votar por Cristina, aplaudir la goleada, dar aliento a los siguientes pasos, y alejarse finalmente en paz, con el amor satisfecho, la jornada parlamentaria en que las mujeres y hombres de su país izaron en pareja la bandera elemental de sus derechos reproductivos comunes.

Chau Fanny, presidenta del Partido Comunista, querida madre, gloria, victoria y felicidad por siempre del pueblo argentino.

JBE
Domingo 6 de noviembre del 2011
para Tati

jueves 6 de octubre de 2011

Canción sin rodillas

Una canción muy popular entre la juventud revolucionaria salvadoreña, que yo descubrí una tarde del año 2004 en el gimnasio de la Universidad de El Salvador, cuando su autor, el nicaragüense Salvador Bustos, la cantó como parte de la bienvenida que los trovadores centroamericanos le regalaron a Alejandro Filio para su primer visita al país. El tema apareció originalmente en el álbum “Tragaluz”, de 1985, grabado en los EEUU con la producción de Jackson Browne. La voz femenina que lo acompaña hacia el final es la de Katia Cardenal

δημοκρατία

“Algunos pensadores consideran a la democracia ateniense como el primer ejemplo de un sistema democrático. Otros han criticado esta conclusión, argumentando por un lado que tanto en la organización tribal como en antiguas civilizaciones en todo el mundo existen ejemplos de sistemas políticos democráticos, y por otro lado que solo una pequeña minoría del 10% de la población tenía derecho a participar de la llamada democracia ateniense, quedando automáticamente excluidos la mayoría de trabajadores, campesinos, esclavos y las mujeres” (Wikipedia)

Represión en la Plaza Sintagma de Atenas, miércoles 5/10/11

Me pregunto si el pensador galego Ignacio Ramonet pedirá la urgente intervención humanitaria de la OTAN en defensa de la civilización griega.


La mujer/trabajadora/esclava golpeada es Tatiana Bolari,
fotoperiodista de la Agencia Eurokinissi.
Las fotos fueron tomadas por su colega Yannis Behrakis, de Reuters


martes 4 de octubre de 2011

La rabia imperio asesino de niños

Dedicado a Ignacio Ramonet, Pedro Brieger, Atilio Borón, Eduardo Febbro, Página 12 y la Cancillería Argentina.



miércoles 28 de septiembre de 2011

Tienes una historia, cariño


Isabel Pisano, nacida en Montevideo en 1948, es una actriz uruguaya que ha trabajado en películas como “Boquitas pintadas” (Leopoldo Torre Nilsson, 1974) “Casanova” (Federico Fellini, 1976) y “Bilbao” (Bigas Luna, 1978). Su otra vocación, el periodismo, la llevó como corresponsal de guerra a Palestina, Líbano, Chad, Irak, Bosnia y Somalia. Es autora de varios libros, entre ellos “Yo puta - Hablan las prostitutas”, publicado en el 2001, que se convirtió en un auténtico best seller. Estuvo casada con el compositor argentino Waldo de los Ríos, de quien enviudó en 1977. Durante una conferencia de prensa celebrada en Bagdad durante la Primera Guerra del Golfo, en 1990 conoció a Yasir Arafat, líder de la Organización para la Liberación de Palestina, iniciándose entre ellos una relación que duró doce años. Tras su fallecimiento, Isabel le dedicó una biografía donde sostiene que su ex compañero fue envenenado de forma paulatina a través de los medicamentos, y que para mancillar su leyenda los servicios israelíes se encargaron de diseminar la creencia de que Arafat era homosexual y había muerto de sida.

En la siguiente entrevista realizada por Jesús Quintero, Isabel Pisano habla de Libia:



viernes 23 de septiembre de 2011

¿Quién dijo lo de los zapatos?

El vocero del gobierno argentino desmintió la noticia divulgada por algún medio norteamericano, la cual informaba sobre supuestos gastos suntuarios efectuados por la presidenta Cristina en su última estadía en Paris. El medio encargado de difundir que CFK gastó 110 mil dólares en zapatos de Christian Louboutin es el New York Post, propiedad del magnate australiano nacionalizado estadounidense, Keith Rupert Murdoch, famoso por el escándalo de las escuchas ilegales que acabaron en julio pasado con el cierre del tabloide británico “News of the World”, otro de sus juguetes mediáticos.


La foto muestra los zapatos que Ángela Merkel y Cristina lucieron durante el encuentro celebrado en Berlín, octubre del 2010, un mes antes de dispararse los trascendidos sobre una hipotética insalubridad nerviosa de CFK. Fue difundida por Reuters y reproducida en distintos sitios antikirchneristas, locales y extranjeros.

jueves 22 de septiembre de 2011

Voto “no negativo” de Argentina a favor de los golpistas libios


Los países que asisten a la 66ª Reunión Anual de la ONU emitieron el viernes 16/09 pasado su decisión de aceptar o no al Consejo Nacional de Transición como representante legítimo de Libia. Para vergüenza de la historia mundial, la petición (léase del verbo petear) se aprobó con 114 votos favorables. Sólo 17 países se opusieron a una nueva humillación de la carta fundacional del organismo y votaron por la negativa: Angola, Bolivia, Cuba, Congo, Ecuador, Guinea Ecuatorial, Kenia, Lesotho, Malawi, Namibia, Nicaragua, Sudáfrica, Swazilandia, Tanzania, Venezuela, Zambia y Zimbawe. Hubo 15 abstenciones, entre ellas las de Uruguay y El Salvador.

Esta fue la posición defendida por la delegación venezolana:



Así votó la República Argentina: YES


Solíamos decir que la política exterior era uno de los aspectos más positivos de nuestro gobierno. Vamos tachando.

lunes 19 de septiembre de 2011

Maradona por los Cinco

La Embajada de Cuba en la Argentina informa hoy que Diego Maradona se unió formalmente a la Campaña Mundial por la Libertad de los Cinco, que cumplen ya 13 años prisioneros del régimen norteamericano. En una carta personal dirigida al presidente Obama, Maradona le solicitó respetuosamente que “haciendo uso de sus facultades constitucionales, LIBERE INMEDIATAMENTE A GERARDO HERNÁNDEZ, RAMÓN LABAÑINO, ANTONIO GUERRERO, FERNANDO GONZÁLEZ Y RENÉ GONZÁLEZ, Y FINALMENTE SE HAGA JUSTICIA”.

El Diego vuelve a poner de manifiesto que su genio deportivo es indisoluble de su entereza humana general, que sigue haciendo historia.



viernes 16 de septiembre de 2011

Canción a una bala

En 1981 me encontraba realizando mis estudios en la URSS cuando tuve que regresar a mi país llamado por la guerra y por mi Partido. Me integré al frente y combatí con las FAL hasta el fin de la guerra con el nombre de Mauricio.

En enero del ‘87 fui enviado desde Guazapa, junto con un grupo de compañeros, a la provincia de Chalatenango, exactamente al lugar conocido como La Montañona, cerca de la frontera con Honduras, a unos 8 km al norte del municipio de Las Vueltas. Ahí, en la parte más alta de La Montañona, estaba ubicada la “Escuela político-militar Capitana Ileana de las FAL”.

La escuelita, como le decíamos, era la entrada de todo el mundo a la guerra. Las FAL habían echado a andar esa iniciativa con el objetivo de vincular la práctica diaria que significaba sostener la guerra, con la teoría revolucionaria. Allí se realizaban todo tipo de tareas y se estudiaba el por qué de la guerra, las razones para luchar, para sumar así a los esfuerzos militares la consolidación política e ideológica de los combatientes. Por tandas, los compañeros iban a pasar un tiempo ahí. No era tanto una obligación como una necesidad.

La escuelita, al momento de mi llegada tenía unos sesenta compañeros. Muchos de quienes se incorporaron a las filas guerrilleras iban a cero conocimiento de qué se trataba. A mí como salvadoreño me impactó mucho, cuando llegué al frente, la cantidad de compañeros internacionalistas que estaban participando del proceso revolucionario de mi país. Producto de la clandestinidad, llegábamos al frente desconociendo el inmenso contingente de personas de otros países que se encontraban en los distintos campamentos y en las diferentes organizaciones que componían el FMLN. El enemigo utilizaba este gesto para presentar en su campaña publicitaria que “esta guerra no es de salvadoreños” y justificar así la intervención de los EEUU. La verdad era la necesidad de estos compañeros de aportar su valor a nuestra lucha y conocer nuestra experiencia.

Ahí conocimos un grupo de combatientes argentinos: Cope, Víctor, Platini, Sergio y Rodolfo. Sergio estuvo un tiempo en la escuela hasta que después se fue a cumplir tareas con las unidades de las FPL y llegaba de visita cada dos semanas. Allí conocimos a Fernando, chileno, que cayó en 1989 en Ciudad Delgado; Ramón, de Costa Rica; dominicanos: el negro Javier, que ya se volvía para su patria y César, que era médico y sastre; Karim, otra chilena. Anteriormente habían estado otros dos compañeros argentinos, Anita y Roque. Fabricio, un estudiante de medicina venezolano que murió en el ‘88 en un enfrentamiento con el Batallón Atlacatl.

En los primeros años, el concepto que se tenía de la guerra era que allí sólo se tiraban tiros. Y no. Se cumplían las más diversas tareas que hacían posible el avance y la resistencia. Una tropa sin maíz, sin frijoles, sin arroz, cómo podía subsistir? De eso se encargaba Víctor, aunque renegara y se lamentara. A una tropa sin botas o con los uniformes descosidos le es difícil ir al combate. Ahí entraba la labor de César.

Como había compañeros que no sabían leer ni escribir, en los ratos libres se sacaban cuadernos y lápices. Ahí Rodolfo colaboró como maestro.

En la convivencia con la tropa, las diferencias culturales podían hacer que se encajara mejor o peor. Había que elegir con quién compartir la champa, con quién compartir los momentos de descanso. Rodolfo cuajó muy bien con los demás. El venir de la ciudad para internarse a la vida guerrillera en el campo no era fácil. Los que eran de la zona o estaban hacía tiempo ahí, a veces se comportaban como intentando probar a los recién llegados. A algunos les era más difícil que a otros, y a los internacionalistas siempre les costaba más. “Yo no me quiero dejar mandar por ningún extranjero”, era una expresión que después la convivencia se encargaba de romper.

A Víctor lo tenían por enojado los compañeros, que eran muy jóvenes, entre 15 y 17 años. A los 17 años eran considerados viejos. A nosotros nos decían viejitos. Cuando se daban cuenta que nos cansábamos en las caminatas nos decían “¿Qué vienen a hacer estos viejitos a la guerra? Nos cuesta mucho cuidarlos!”

A Víctor le gustaba mucho regañar a la tropa y entraba en conflictos de relación fácilmente.

Sergio era más calmado, más tranquilo, igual que Cope. Podían estar los combates ahí cerca y con mucha tranquilidad asumían sus tareas diarias. Rodolfo era aún más tranquilo.

En ese tiempo las operaciones del enemigo eran bastante seguidas y requerían de un nivel contundente de respuesta. La guerra había entrado en un nuevo período. Había comenzado la movilización permanente de las unidades guerrilleras para contrarrestar los ataques enemigos. A nivel nacional, pero sobre todo en la provincia de Chalatenango. Después de estar tres meses recibiendo instrucción en la escuela, Rodolfo fue directamente asignado con el grado de teniente a un pelotón de combate que se movilizaba por Las Vueltas y que acostumbraba andar por la zona de Las Bolsitas, cerca de La Ceiba, a una media hora de la escuelita. Los compañeros que salían con él comentaban que esa tranquilidad de Rodolfo nunca la perdía en los combates.

Cope también era excelente combatiente. Había un compañerito de 14 años de edad, Marvin, que después de haber sostenido un enfrentamiento prolongado con el enemigo, me decía “Me gustaría salir con Cope otras veces porque no se agüeva. Se mantuvo en la trinchera y nunca dio señales de querer retirarse”.

Sergio todavía estaba con las unidades de las FPL. Era un acuerdo de cooperación realizado con la idea de que los compañeros conocieran la experiencia política y militar de las otras organizaciones. El compartir esta experiencia rompía esquemas. Yo tuve la oportunidad de estar trabajando ocho meses con los compañeros de las FPL, en la producción de Radio Farabundo Martí, en el ‘84, ahí mismo en La Montañona, en una zona muy alta que se llama El Rótulo de los Monos, dos años antes de conocer a este grupo de compañeros internacionalistas.

Tuve la oportunidad de viajar a Chalatenango en el mes de marzo del año ‘98 pasado. Fui con cuatro compañeros que estuvieron para la misma época, en esas zonas donde se movían las FAL. Fuimos a Los Ramírez, al Cacao, a las Bolsitas. Aquella experiencia con los compañeros internacionalistas es imborrable. El respeto a su heroísmo, a su solidaridad. Fuimos a la Quebrada de la Cimarrona, donde tantas veces nos bañamos en el río, donde tantas veces tuvimos instalada la cocina.

Cuando uno dice Los Orellana, Los Ramírez, Los Beltrán, Los Guardado, habla de zonas bautizadas por los guerrilleros con el nombre de las familias que habían habitado esos lugares, familias muy numerosas y humildes que tuvieron que evacuar la zona ante la embestida del Ejército. A ésas zonas nos dirigíamos tres o cuatro veces por semana a buscar el frijol, el maíz, el arroz. En todos esos caseríos la gente cooperaba con nosotros. Nos vendían a precio preferencial para la guerrilla. Víctor tuvo que conocer personalmente a todos los tienderos, quién vendía mas barato esto y quién lo otro. Se conocía de memoria toda el área que nos rodeaba.

En la escuelita cada día se asignaba a un compañero para dar el matutino. A las cinco de la mañana nos levantábamos. Allí en La Montañona hace un frío tal que el agua amanece con escarchita. Echarse esa agua en la espalda que te hacía saltar, luego ayudarse con el jarro caliente de café y después a realizar los ejercicios físicos. Cada uno diariamente se turnaba para dirigirlos. Cuando algunos mandaban muchas pechadas o lagartijas, o muchos parachutes (caída de paracaidistas), al día siguiente andábamos bien yuca, bien duros todos.

La mayoría de los guerrilleros usaban gorra, pero Rodolfo andaba con un sombrerito color verde. Llegaba de una operación militar, dejaba el fusil pegado al poste y se ponía a moler el maíz en la cocina. Siempre que se regresaba de una misión, se continuaba con las diferentes tareas logísticas.

Una vez veníamos retirándonos de una ofensiva del enemigo y Rodolfo venía muy enfermo del estómago. Las comidas crudas muchas veces, o sin sal, y las diferentes costumbres alimenticias solían hacer estragos en los estómagos de alguna gente, en especial de los extranjeros. Veníamos escapando del enemigo y “Ya no aguanto”, dijo Rodolfo. Y ya no aguantó y ahí mismo se bajó los pantalones.

En el ‘87 el Ejército asentado en Chalatenango se propuso que no le daría paz a la guerrilla en esa zona. El Coronel Ochoa Pérez, comandante de la 4ª Brigada de El Paraíso, hacía declaraciones constantemente acerca de sacudir, de hacer trabajar más a la guerrilla. Los operativos sobre la zona de Las Vueltas se hicieron más continuos.

Nosotros por nuestra parte entendíamos que si ellos no acudían al combate, había que salir a buscarlos. Era una de las líneas de la Guerra Popular Revolucionaria.

Una guerra que se alargó. Y donde el enemigo recurrió entonces a la táctica de romper internamente a la guerrilla. De revertir guerrilleros. Con graves repercusiones.

Chalatenango no escapó a ese intento de infiltración. El Ejército reclutó a muchos pobladores que formaban redes para descubrir nuestras rutas, suministrar información de cuántos éramos, de por dónde solíamos aparecer.

En la propia tropa ya se empezaron a dar casos de unidades guerrilleras que salían de exploración y cuando se topaban con una patrulla enemiga, ponían el fusil boquilla abajo, como una señal preconvenida de no-combate. La táctica en ese caso era de convencer a los compañeros de permanecer en la guerra sin combatir. Poder sobrevivir a la guerra, sin cumplir las tareas revolucionarias.

Al igual que nosotros saboteábamos los puntos vitales de la economía nacional que solventaba al enemigo, ellos comenzaron a sabotear nuestra propia economía. Los compañeros llegaban a poner las cargas de explosivo en un poste del tendido eléctrico y se encontraban con que las cargas, sutilmente mojadas con una jeringa, no explotaban.

Hubo que preparar equipos ideológicamente muy sólidos para poder detectar ese trabajo. Trabajo enemigo que hizo mucho daño, en el sentido que se transformó en una lucha al interior de las unidades guerrilleras, lo que provocó en un momento mucha desconfianza. Cualquiera podía sentirse tocado.

Se formaron equipos de vigilancia que, por la delicadeza del asunto, recurrían a compañeros de una especial consistencia política e incluso física. Pues cuando se descubría una red de ésas, se convocaba a una reunión y a una señal del jefe los miembros del equipo desarmaban al infiltrado. Hubo casos en que al momento de la detención los tipos mataban a sus compañeros.

Rodolfo reunía las dos condiciones, por lo tanto le tocó participar de esos equipos. Él había llegado a principios ‘87 como un niño bonito y grandote que el Partido Comunista Argentino había mandado junto a los otros compañeros. Primer enflaqueció rápidamente. Pero mes a mes fue agarrando fuerza y terminó hecho un diablón que cargaba 50 libras en el lomo durante horas sin quejarse.

Todas las etapas de la guerra fueron difíciles, pero ésta, de la cual participaron aquellos compañeros internacionalistas, fue particularmente delicada pues se debía tener mucho tacto para no equivocarse.

Fue una época que requirió de muchas virtudes para atravesarla a salvo.

En este momento de transición aún de la guerra a la posguerra, a veces se me trata de que yo mucho hablo del conflicto. Me ha sucedido en mi lugar de trabajo, ámbito por cierto muy distinto al de la guerra, que me digan que mucho insisto yo en ese período. Y yo trato de reflexionar.

Eso ha sido parte nuestra. Si tratamos de quitar, de desvincular esa parte, estaremos olvidando nuestras propias vidas y la de nuestro país. Yo no puedo olvidar eso. Comprendo claramente que ese período nos permite valorar hoy qué es lo que debemos hacer, por donde debemos continuar. La lucha hoy quizás se ha vuelto más compleja, pero la complejidad no nos debe confundir en cuanto hay que seguir validando lo que siempre fue válido: la Guerra Popular Revolucionaria. Personalmente pienso que el FMLN atraviesa una situación bien difícil, que requiere de mucho esfuerzo por consolidar el perfil revolucionario conque le dio y debe seguir dándole esperanza a la gente. Validar su carácter revolucionario será validar los años que vivimos en guerra.

La muerte me sigue impactando. Yo tengo aquí metido lo del 16 de septiembre, el 3 de mayo cuando Italo, segundo jefe del Batallón Aguiñada Carranza, pierde su pierna en Guazapa. Que Juan Macarela cayó en mayo del ‘88 combatiento contra una unidad del BIRI (Batallón Irregular de Reacción Inmediata) Ramón Belloso.

Para agosto y septiembre del ‘87, las operaciones enemigas en la zona se habían incrementado fuertemente.
El 16 de septiembre Rodolfo estaba en una misión de combate sobre unos cercos de piedra que están rumbo a Los Orellana. Con 22 años, venido de Argentina igual que el Che Guevara, comandaba una escuadra de siete combatientes, entre los que estaban Marno y el Gato Douglas, que habían compartido ya muchas operaciones militares con él, Marvin, Carlitos, y Tobías. El día anterior habíamos tenido una larga conversación en la cocina del Caraito, en la que me contó algunas cosas sobre su vida en su país y algunas opiniones sobre esta experiencia con la guerrilla salvadoreña.Me contó que le iba al Independiente, donde jugaban varios de la selección campeona del mundo en México, con Maradona.

Como a las 11 de la mañana fueron emboscados por una unidad de la 4ª Brigada de Chalatenango, que asediaba la zona constantemente. A la vuelta los compañeros informaron que el teniente Rodolfo había muerto en la emboscada, alcanzado por una bala que le dio en medio de la frente.

Cerca del mediodía del 16 de septiembre de 1987, encabezando una unidad de las FAL en La Montañona, Chalatenango, cerca del caserío de Los Orellana, El Salvador.

A las pocas horas ya estabamos movilizándonos para otro campamento porque el enemigo se nos venía encima.

En los años ‘90, estando en Nicaragua, fue que supe su verdadero nombre: Marcelo Feito.

(Carlos Castaneda, Mauricio, fue elegido diputado por el departamento de Sonsonate en las elecciones de marzo del 2000. Reelegido en el 2003 y en el 2006, siguió integrando la bancada del FMLN en la Asamblea Legislativa de El Salvador. En 2009 el FMLN ganó las elecciones generales, y desde entonces Carlos es funcionario del Ministerio de Defensa)

Marcelo Feito
alias Teniente Rodolfo

sábado 10 de septiembre de 2011

Los Schlenker, manifestación nazi argentina


por Matías Bustelo

La reciente condena a prisión perpetua para Alan y William Schlenker por el asesinato de Gonzalo Acro no es sólo el más elocuente dictamen judicial de los últimos tiempos contra la barbarie justificada en la pasión futbolera; es también una advertencia sobre un largo proceso por el cual muchos ciudadanos argentinos de apellido alemán se han escudado en rasgos y orígenes centroeuropeos para excusar un comportamiento exacerbado, que ya desde Arminio hasta Hitler y sus secuaces de todas las etnias viene colmando al mundo de la más sanguinaria gama de muertes inducidas, con genocidios y todo.

Este comentario inicial, que a simple vista podrá ser tildado de germanofóbico, no nos evita inferir que son los Schlenker hijos de una conducta que los forjó fuertes y bien vistos, ya por las damas de la farándula (como Moria Casán, que se fotografió con el apuesto asesino William para la revista Caras un día después de haberse cometido el asesinato de Acro), como por una sociedad lamentable que ve “bien nacido” a todo individuo con sus nobles rasgos y su sonoro apellido; una sociedad tontamente acomplejada, que no encuentra tanta nobleza en los bien criados de rasgos sudamericanos como la encuentra en los hijos de los equivocados de Europa.

Se dirá que Osvaldo Bayer es también alemán, como lo es aún el vasto espíritu de Thomas Mann, Carlos Marx y de los hermanos Grimm. Pero estos saludables nombres de sonoridad centroeuropea, como el de los Schlenker, nunca se valieron de su etimología para ganar camino en el mundo de los pueblos con complejo de inferioridad (como sin duda es el nuestro), sino que salieron al mundo para dar la pauta de que el centro de Europa también construye magia como Brahms, piensa con razón, se enoja con la peligrosa violencia de Bismarck, ejerce lo justo como lo injusto, ama con pasión a veces digna y a veces equívoca y hasta sabe enfrentar al mundo central británico, que aún impera, con dignidad altanera y (hay que decirlo) una voluntad de violenta derrota que hasta a Schopenhauer haría palidecer de tanta verdad agolpada.

Que intente un periodista, por sagaz que fuera, obtener un reportaje hondo a los miembros de la colectividad germánica que, de a miles, habitan, prosperan y hasta mandan en el conurbano bonaerense. Que lo intente y se sorprenderá de la hermosa cultura y la cordialidad indudable propia de los hijos de la Germania Magna; hasta que el reporteado le plante la barrera, esa que le permitió vivir en Sudamérica como en la Renania y que hasta al más humilde de los alemanes le ha valido ser de los mejores entre sudamericanos. Como el SS standartenführer, Adolf Eichmann, devenido Ricardo Klement en Argentina, electricista de la Mercedes Benz de González Catán y buen vecino de San Fernando. Como el cientificista Herr Doktor Josef Rudolf Mengele, impune viajero del Cono Sur. Como el abusador de menores y espía de la temible DINA chilena, Paul Schäfer Schneider. Como los hermanos Alan y William Schlenker, que amparados en el visto bueno que en nuestra patria inspira su nombre y su saludable aspecto rugbier, cometieron sus crímenes mientras eran el nuero perfecto de la suegra sudamericana promedio y viajaban por el mundo con dinero sudamericano y el salvoconducto mundial de un buen parecer ario.

Ahora los Schlenker están condenados por asesinato y porque un proceso judicial los halló culpables. También están en libertad, por razones jurídicas que este humilde redactor no entiende y no le interesa entender. Ahora pueden valerse de las eficaces redes de solidaridad que los estados poderosos han logrado tender en todo el mundo y que permitieron a los alemanes nazis valerse de los buenos alemanes sudamericanos para limpiar sus manos de sangre, ejerciendo buenos y nobles oficios que a un sudamericano que ejerciera mismo trabajo no le rendiría tan buen fruto. Como las redes inglesas que desbarataron la unidad sudamericana. Como el prototipo yankee mormonizando (o debería decir aculturando) en bicicleta por los dominios de la Madre Tierra.

Ante estas advertencias es bueno recordar que un pequeño ciudadano alemán, aunque más enorme que todo el equívoco fervor con que a los pueblos poderosos obsequió la Historia, decía parecerse “al que llevaba el ladrillo consigo para mostrar al mundo cómo era su casa”. Se llamaba Bertolt Brecht, era un amigo del ser humano y deberíamos sospechar que su buena palabra faltó en el ideario agresivo, adinerado y grosero de los hermanos Schlenker.


viernes 26 de agosto de 2011

El curioso caso del rebelde argentino en Libia


Puede leerse hoy completo en Clarín: “El cordobés José Emmanuel Piaggesi apareció hace meses por Bengazi, cuando comenzaba la revolución en febrero pasado, con una computadora que apenas funcionaba y presentándose como estudiante de periodismo. Al poco tiempo descubrimos que este chico de 23 años se había sumado a los rebeldes, andaba camuflado y tenía su Kalashnikov. Ahí aclaró un poco su relato. No era estudiante de periodismo sino un docente de una escuela técnica mendocina de nivel primario que venía de unos meses en los territorios palestinos trabajando con una agencia de asistencia cristiana y quería acompañar la rebelión libia”.

En la breve entrevista mantenida en Trípoli con Marcelo Cantelmi, jefe de la sección internacional del Clarín, José confiesa que en cierto momento de la guerra se sintió incómodo. “¿Incómodo en qué sentido?”, pregunta el corresponsal. “Ideológicamente –responde José–. La llegada de la OTAN hizo que mucha gente con buenas intenciones defendiera a la dictadura. Y vos sabés lo que es esta dictadura. Me fui un mes. Estuve un mes en Egipto, por ahí, quería pensar. Y decidí volver porque yo creo en la gente que estuvo todo el tiempo conmigo”. A la pregunta de si estuvo mucho en el frente, nuestro rebelde contesta que “sí, pero nunca vi un ataque de la OTAN. Me salvé de eso. El único que vi fue cuando destruyeron 30 camionetas de los rebeldes”.

Viene de Palestina, entra, sale, vuelve a entrar. En un momento reniega de la intervención de la OTAN. Luego dice que no ha presenciado ningún ataque de la misma, salvo la destrucción de un convoy perteneciente al propio bando. La conversación termina a los abrazos y con saludos: “Me pide mandar saludos a sus alumnos de la escuela técnica y a Convergencia Socialista, un grupo al que dice no pertenecer pero que le cae bien que haya enviado su adhesión a la causa de estos revolucionarios”.

Lo primero que se me ocurre averiguar a continuación es qué es “Convergencia Socialista”. Me suena pero no lo tengo. Lo aclaro: grupo troskista que integra el Frente de izquierda y los Trabajadores. En su página encuentro una nota sobre José, donde me entero que no es cordobés sino mendocino, y que le contó a la BBC británica que su grupo “está integrado por cuatro equipos conformados por 30 personas aproximadamente, cada uno con su respectivo líder. Muftah Al-Sibhawy es el nuestro, pero a la vez los cuatro equipos respondemos a las órdenes de Abd al-Salam, un veterano cuya experiencia es netamente organizativa, no bélica”. Por su parte, José Emmanuel se hace llamar Yusseff al-Arjentiny y lleva colgada una chapa con la foto del Ché.


Sigo buscando. Su cuenta de Facebook está a nombre de “Un neuquino en Libia”. ¿Cordobés, mendocino o neuquino? Doy con una página contrarrevolucionaria cubana llamada Cuba Out, que reproduce un artículo publicado por el diario Los Andes de Mendoza, basado a su vez en una entrevista para ABC de España. Tal parece que nació en Mendoza, pero su familia lleva varios años radicada en Neuquén. Según ABC, Piaggesi “tiene una acreditación de prensa a nombre de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) y quincenalmente envía reportes al periódico universitario, aunque admitió no ser periodista”. Esto fue lo que confundió al enviado de Clarín, bastante desaprensivo él a la hora de presentarnos un héroe de nuestros pagos.

Finalmente, y como era de intuir, descubro que la prosecretaria de Comunicación Institucional de la UNC, María José Quiroga, se encargó de afirmarle al diario cordobés La Voz del Interior que Piaggesi nunca colaboró en la revista “Hoy la Universidad”, y que tampoco se registran su nombre o sus notas en el boletín semanal que se edita como periódico digital.

Se dice que “Dios trabaja de manera misteriosa”, y ojalá fuera éste el caso de un joven cristiano y anticapitalista cuyos hados revolucionarios lo condujeron a Libia, aunque sea del lado equivocado, allí donde por mucho que uno le pida y rece, Dios siempre reserva un lugar para los troskos. Pero también la CIA y todos los servicios de inteligencia de la OTAN tienen sus maneras misteriosas para jugar como dioses con los destinos de los pueblos, y ni los revolucionarios están exentos de caer bajo el influjo de esos poderes.

jueves 11 de agosto de 2011

Modelo chileno


Camila Antonia Amaranta Vallejo Dowling nació en Santiago a finales de abril de 1988. Estudia geografía, milita en las Juventudes Comunistas y es presidenta de la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile.

miércoles 3 de agosto de 2011

Aguante la Juventus en Colombia


La Copa Mundial de Fútbol Sub-20 se juega desde que Túnez la organizó por primera vez en 1977. Desde entonces fue disputada en 17 ocasiones, siendo Argentina el equipo que la ganó más veces, con seis títulos en su haber. Brasil tiene cuatro campeonatos y Portugal dos. España, Alemania, Ghana, Yugoslavia y la Unión Soviética lo obtuvieron en una oportunidad.

El torneo ha servido para consagrar local e internacionalmente a futbolistas como Diego Maradona, Davor Šuker, Luis Figo, Juan Román Riquelme, Pablo Aimar, Esteban Cambiasso, Ronaldinho, Rafael Márquez, Javier Saviola, Xavi Hernández, Sergio Agüero, Iker Casillas y Lionel Messi, entre muchos otros.

La primera conquista argentina tuvo lugar en la edición de 1979 celebrada en Japón, triunfando luego en Qatar ‘95, Malasia ‘97, Argentina ‘01, Holanda ‘05 y Canadá ‘07.

A lo largo de esta historia, cuatro jugadores argentinos resultaron goleadores (Ramón Díaz, Saviola, Messi y Agüero) y cuatro fueron premiados con el Balón de Oro (Diego, Saviola, Messi y el Kun).

El actual campeón es Ghana. La 18va edición se lleva a cabo por estos días en Colombia, donde Argentina marcha a la cabeza del Grupo F, compartido con México (1 a 0) Inglaterra (0 a 0) y Corea (mañana a las 15hs).

Contra Inglaterra el equipo argentino hizo un muy buen partido y en los últimos 20 minutos estuvo cerquita de ganarlo. Destacaron Pezzella, Iturbe, Luque y Martínez. Cabe remarcar que en el ataque titular juega el astro riverplatense Erik Lamela, autor del gol contra México.

Poquísima bola le están dando mis colegas en general. A saber por qué.

La nómina completa del equipo dirigido por Walter Perazzo es la siguiente:

1-Esteban Andrada (Lanús)
2-Germán Pezzella (River)
3-Nicolás Tagliafico (Banfield)
4-Hugo Nervo (Arsenal)
5-Ezequiel Cirigliano (Ríver)
6-Leonel Galeano (Independiente)
7-Matías Laba (Argentinos)
8-Roberto Pereyra (Ríver)
9-Facundo Ferreyra (Banfield)
10-Erik Lamela (Roma, Italia)
11-Juan Manuel Iturbe (Porto, Portugal)
12-Rodrigo Rey (Ríver)
13-Lucas Kruspzky (Independiente)
14-Adrián Martínez (San Lorenzo)
15-Alan Ruiz (Gimnasia y Esgrima La Plata)
16-Lucas Villafañez (Independiente)
17-Rodrigo Battaglia (Huracán)
18-Leandro González Pirez (Ríver)
19-Agustín Vuletich (Vélez)
20-Carlos Luque (Colón)
21-Damián Martínez (Arsenal, Inglaterra