miércoles, 3 de abril de 2013

Un día en la vida

(publicado en la Revista Hamartia)


“El 8 de diciembre de 1991, los presidentes de Rusia, Ucrania y Bielorrusia firmaron el Tratado de Belovesh, que declaró oficialmente la disolución de la URSS ignorando al 78% de la ciudadanía que en el referéndum de marzo había votado a favor de preservarla” (Wikipedia)

 
I. Casa blanca, fiesta negra
Encabezados por el presidente de Estados Unidos, los señores de la guerra celebraban aquella noche eufórica el primer aniversario de un triunfo impresionante. No podían estar más satisfechos. La súper potencia vencida les había proporcionado con su sola existencia la oportunidad de blanquear un negocio de dimensiones infernales. Nomás los ingresos por la venta de armas acumulaban una cifra multimillonaria astronómica, compuesta en lo fundamental por los depósitos del propio presupuesto norteamericano, saqueado a razón de invertir en la defensa local y los conflictos regionales instigados para acelerar la carrera armamentista y quitarse de encima los movimientos revolucionarios de proyección socialista que prosperaban en cada rincón del planeta. Pero si bien el militar era un rubro estratégico, no era el único. Contaba también la fortuna derivada de sus medios de propaganda, que se desarrollaron infundiendo el miedo indispensable para justificar la contribución del pueblo estadounidense y diseminando las bondades de una serie infinita de productos mercantiles –gaseosas, hamburguesas, medicinas, cigarrillos, zapatillas– además de los hábitos culturales necesarios para su consumo masivo global, entre ellos el complejo fraudulento de razones que convalidan la naturaleza inmejorable del orden capitalista. En tal sentido la victoria era aplastante. Mas por si todo esto fuera poco, la rendición enemiga facilitaba ahora los planes de recuperar algunas posiciones perdidas en los años 60 y 70 a manos de Fidel Castro y sus compinches árabes. Ya estaban en marcha una ley más severa de bloqueo comercial a la isla y una nueva campaña al desierto que en su primera fase había culminado exitosa el pasado febrero, mes asimismo agitado por un inquietante alzamiento castrense de corte independentista en Venezuela, dominio bendito con la mayor reserva petrolera del mundo. Es decir que los motivos de fiesta excedían con creces la indolente caída del martillo y la hoz. Habían ganado la guerra fría, la tercera guerra mundial seguía viento en popa, Cuba pendía de un hilo y tenían combustible para rato. Y ni mencionar los rendimientos del narcotráfico, asegurados en lo sucesivo al galope de un purasangre probado como el ex gobernador de Arkansas. Bush propuso un brindis: “Camaradas: ¡Viva la Unión Soviética!”. Las carcajadas se oyeron desde la vereda.
 
 
 
II. Ciencias exactas
Vista al microscopio, la imagen apoteótica de semejante desenlace presentaba sin embargo los gérmenes de una revancha formidable. Analicemos si no dos muestras tomadas el mismo día, martes 8 de diciembre de 1992, al sur del hemisferio. La primera de ellas pertenece a un grupo de estudiantes de la Universidad Nacional de Córdoba que dicha jornada rindieron examen de “sociología” en un aula de la Escuela de Ciencias de la Información. Tras las notas excelentes obtenidas en sus evaluaciones parciales, el último requisito para aprobar la materia era exponer de forma oral la bolilla del programa que ellos escogieran. Todos, sin excepción, comparecieron ante la mesa eligiendo explicar el funcionamiento de la sociedad desde el punto de vista de Marx y de Gramsci, y todas sus libretas salieron coronadas por la firma de un perfecto 10 (diez). Los profesores sabían por experiencia que estos autores aventajaban al resto en las preferencias finales del alumnado, que demostraba asimilar sus conceptos con mucha más facilidad. El promedio general de calificaciones nunca dejaba dudas al respecto. Lo curioso de la ocasión fue que el hecho se reprodujera esta vez en el momento más desfavorable a la vigencia práctica del socialismo, cuando una inmensa porción de naciones, partidos y figuras que hasta entonces se identificaban con sus ideales estaban siendo azotados en público por el látigo despiadado de la historia. A contramano con la opción teórica seleccionada, varios de aquellos jóvenes veían incluso con buenos ojos el flamante proceso de privatización de las empresas estatales argentinas.
 
III. Martes
La segunda muestra procede de un calabozo del penal de San Francisco de Yare, donde  el comandante de paracaidistas Hugo Chávez aprovechó aquella misma mañana del martes 8 de diciembre de 1992 para continuar la lectura y relectura de su colección de libros escritos en la cárcel: “Don Quijote de la Mancha”, de Cervantes; “Himno a la picota”, de Daniel Defoe; “De los nombres de Cristo”, de Fray Luis de León; “Cuadernos de la cárcel”, de Antonio Gramsci; “Historia general de las drogas”, de Antonio Escohotado; “Mi lucha”, de Adolfo Hitler Pölzl; “Poemas de las 22-23 horas”, de Nazim Hikmet Ran; “Fanny Hill”, de John Cleland; y “La historia me absolverá”, de Fidel Alejandro Castro Ruz. Mientras tanto siguió puliendo el “Proyecto de gobierno de transición” y el “Anteproyecto Nacional Simón Bolívar”, que habían dado origen programático a la sublevación del martes 4 de febrero. En horas de la merienda lloró uno por uno a los compañeros perdidos, quienes llegaron sin falta como cada tarde volando a través de la ventanita. La compañía entera le reiteró con firmeza la convicción de su apoyo. Segundos antes de que apagaran las luces del presidio, los soldados se ajustaron las mochilas y formados en fila frente a la ventanita, tras despedir con una venia al comandante, fueron saltando uno tras otro de vuelta en dirección al cielo. Sentado al borde del catre el jefe abrió su biblia, tomó su crucifijo y reemprendió en silencio la labor meticulosa de abrir en la oscuridad de la celda el gran túnel de su fuga. Antes de acostarse se detuvo mirando hacia la estrella del sur, y llevándose la herramienta al pecho confesó arrepentido sus ruegos de muerte, puesto que aún requería del tiempo irredento suficiente para llevar a cabo su cometido, y “después –pidió– que sea donde y cuando tú me llames, quizás en la tarde serena de un martes”.
 

IV. Argentina desencadenada
El 8 de diciembre del 2030 se cumplieron cincuenta años de la muerte de John Lennon, cuyo esclarecimiento concluyó en el 2021 durante los Tribunales Generales del 11-S, que dictaron la sentencia póstuma de un selecto grupo de ex empresarios, políticos y agentes de la desaparecida CIA, entre ellos el ex presidente Bush, director de la central en 1980. El llamado Juicio del Siglo condenó de igual modo por éste y otros múltiples asesinatos a su padre y sus dos hijos. En el transcurso de un almuerzo celebrado en la Casa Blanca, el actual presidente y los diputados del Partido Comunista de Norteamérica resolvieron ese día enviar al congreso unicameral de los Estados Unidos el proyecto de ley de anexión a la “Big Patria”, que fue redactado en español y dedicado “al pueblo de Cuba y al primer aniversario de la reconstitución formal de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas”.
La presidenta argentina, de 77 años, tan bella como siempre y en la plenitud de su sexto mandato, descansó aquel domingo dedicada a la pesca con mosca en un recodo de la Laguna de Lobos. Desde allí felicitó a los líderes de ambas naciones y atendió el llamado efusivo del gobernador malvinense y sus pares de Chile, Uruguay y Venezuela: Camila Vallejo, Víctor Hugo Morales y Nicolás Maduro. Ella misma se comunicó con Israel, donde la Comunidad Unida de Medio Oriente (المجتمع وحدة الشرق الأوسط) se hallaba reunida para homenajear a Golda Meir. Al caer la tarde emprendió sola un paseo hacia el pueblo, donde la esperaban con un asado para festejar la reciente fundación del Partido Único de la Revolución, que distintas fuerzas comenzaron a forjar al calor de las asambleas populares organizadas por la militancia para la campaña electoral del tremendo e inolvidable año 13. Al doblar por la ruta se hizo de noche. A lo lejos se miraban ya las luces del centro. Buscó como de costumbre la Cruz del Sur, y apenas ubicarla se descostilló de la risa rememorando aquella vieja cita nocturna en las semanas posteriores al retorno, saliendo de una unidad básica de La Plata, cuando Kirchner le contó que después de ganar las elecciones del 46 el general había denominado así al Partido, y advertido de su sorpresa, imitando a Favio, le dijo: “En serio, nena. Te quiero, te quiero… ¿Me das un beso por la patria socialista?”. Acurrucada en el recuerdo y apurando el paso repitió: “Hola nariz… ¿Qué año no?”. Conducidas por su presidente, un matemático nicaragüense de ascendencia libia, las estadísticas de la ONU confirmarían muy pronto las previsiones de que Argentina ganaba en 2030 el premio “Howard Fast”, una especie de Oscar científico que cataliza el cruce de distintas variables socioeconómicas. Una de las categorías más notables indicó que el total de los 100 millones de habitantes argentinos emplearon sus vacaciones de invierno  para viajar al exterior. Los principales destinos turísticos fueron los países limítrofes, Centroamérica, México, Europa, Ucrania, la Bengala Indochina y África. Las últimas dos ojivas nucleares fueron desactivadas simbólica y respectivamente el 6 y 9 de agosto en Hiroshima y Nagasaki. El equipo médico plurinacional destacado en Titicaca comprobó la efectividad de la vacuna contra el cáncer, sintetizada a partir de los descubrimientos odontológicos obtenidos al investigar la epidemia sufrida por los demonios de Tasmania. En Oslo y Marambio se registraron en abril los primeros síntomas de recomposición de la capa de ozono y los hielos polares. El Mundial de Fútbol volvió a disputarse en Argentina, donde dirigido por “La doble M” el seleccionado albiceleste conquistó su cuarto título, que no ganaba desde Brasil 2014. Cristina entró al pueblo secándose las lágrimas y guiada por las humaredas agarró por la Juan Perón hasta la plaza.
Días más tarde, 17 de diciembre del 2030, y martes, el avión presidencial Tango Ernesto Che Guevara aterrizó en el aeropuerto de Comalapa. La mandataria fue recibida al pié de la escalera por el ex comandante guerrillero José Luis Merino del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional, alias “Ramiro”, quien le dio la bienvenida en nombre de su amado pueblo y le agradeció por haber elegido a El Salvador para celebrar la boda. Esa noche acudieron juntos a la Catedral Metropolitana de Monseñor San Óscar Arnulfo Romero, donde Amalia y el Papa Francisco se casaron finalmente a la edad de 94 años. La gira culminó el 5 de marzo del próximo año en Caracas. Ella arribó radiante, vestida con las típicas prendas multicolores mayas, trayendo un ramo de flores y la pluma real que había encontrado en los bosques aledaños a la Antigua Guatemala, mientras fotografiaba bandadas de quetzales, aves sagradas hasta entonces consideradas extintas. De regreso al país, como en el 2013, aquel verano acabó demasiado temprano.

Juan Bautista Echegaray
19 de Marzo del 2013 y martes

 
 

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