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domingo, 20 de enero de 2013

Cine militante (segunda parte)

 
 
Oscar Cuervo dice: “Las objeciones que se le hacen a Argo respecto de que los revolucionarios iraníes no fueron así o que en la realidad histórica el salvataje de los norteamericanos fue encarado de una manera distinta a la que se muestra en la película no van al fondo de la cuestión. Tampoco es decisiva la mayor o menor simpatía que nos despierte la revolución iraní o la política norteamericana en medio oriente para pensar en la justificación de Argo. Buscar una supuesta corrección histórico-política en la forma de filmar una revolución es totalmente irrelevante. Luego: hay miradas verdaderas y miradas falsas sobre el mundo. Pero: su verdad y su falsedad no se dirimen en términos de corrección historiográfica o justicia política”.
 
Primero: ¿Cuál es el fondo de la cuestión? Segundo: Si los revolucionarios iraníes no fueron como los pinta le película, estamos ante una descripción falsa, distorsionada o equivocada. La calidad cinematográfica de la misma, sus logros narrativos, visuales, sonoros, actorales, etc, no están condicionados por eso. Nos puede gustar, emocionar, hacer reír, etc, o no, y en cualquiera de los casos habremos accedido a una versión falsa, distorsionada o equivocada de cómo fueron los revolucionarios iraníes, cosa que en términos de nuestro conocimiento no sería una cuestión irrelevante. Mi interpretación de las sospechas acerca de los responsables del atentado a la AMIA no dependen de la película, pero ésta puede incidir en esa interpretación y por consiguiente en mi opinión y mi conducta.

Prosigamos:

“Sokurov adopta en El arca rusa una posición claramente anti-revolucionaria. ¿Hubiera sido preferible que esta película dejara mejor parados a los revolucionarios rusos (que quedan replegados en un fuera de campo inapelable) o que el punto de vista no quedara tan fijado a la suerte corrida por la princesa Anastasia y sus padres, el zar y la zarina? La pregunta carece de sentido. ¿Tendría que haber tenido Sokurov una mirada más equilibrada, sopesando los aportes positivos de la revolución o la injusticia social del régimen zarista? No creo que se llegue muy lejos por ese lado: si necesitamos tomar una resolución sobre los zares o sobre los soviets, no nos hace falta el cine para eso. Y sin embargo, el cine es un órgano imprescindible para la experiencia contemporánea del mundo”.

Si el cine es eso, con más razón todavía podemos afirmar entonces que la verdad o falsedad sobre los hechos y protagonistas que retrata no es un asunto irrelevante. El francotirador y Apocalipsis Now son dos películas geniales que no dejan muy bien parados a los revolucionarios vietnamitas. La posibilidad de discernir ambos aspectos es no más que una posibilidad, la posibilidad de que miles de millones de personas accedan,  antes o después de verlas, a otras versiones acerca de cómo fueron los revolucionarios vietnamitas. Difícil, no imposible.

Dice Oscar: El arca rusa aporta una mirada singular e insustituible, abre el mundo desde una perspectiva no más ni menos correcta, sino desde una perspectiva única. Sokurov despliega una cadena de significados en relación al tiempo y a los tiempos (el tiempo cronológico, la historia universal, la temporalidad del relato, la temporalidad puesta en juego en la música, en la danza, la pintura, la escultura, en el relato evangélico, el tiempo del habitar y el de recorrer un museo, el tiempo de las despedidas, el de la muerte propia y el del sueño, el tiempo de la proyección y de la expectación cinematográficas) que no acaecerían si el director no hubiera adoptado esta posición y no hubiera filmado esta película. Mientras que nuestras opiniones sobre la monarquía, el comunismo o el capitalismo transitan por surcos ya trillados, El arca rusa abre una perspectiva inédita”.

La mirada de Sokurov sobre el mundo y la revolución rusa bien puede ser singular e insustituible y su perspectiva única. Puede ser todo eso a la vez, y a la vez ser más o menos fiel al verdadero contexto que describe y dentro del cual inscribe su historia. La pintura de los revolucionarios rusos puede ser bellísima y a la vez estar mandando cualquiera. Un peliculón bien puede estar mandando fruta, tal es el caso de El francotirador y de Apocalipsis Now. La historia de la cinematografía debe estar llena de peliculones en donde los comunistas rusos no quedan por cierto muy bien parados. Saquemos la palabra “rusos”: esa historia está llena de peliculones anticomunistas. Para ser justos, hay que decir también que la historia del cine está rellena de películas anticomunistas más modestas. La lista de bazofia anticomunista es casi infinita.

Luego resulta que mientras nuestras opiniones sobre la monarquía, el comunismo y el capitalismo transitan por surcos ya trillados, el bueno de Sokurov nos abre una perspectiva inédita de la revolución rusa, para lo cual “adopta” una posición claramente anti-revolucionaria. ¿Pero acaso no es ésta una posición igualmente trillada?

Podemos decir así: desde una opción, posición u opinión trillada, trilladísima, Sokurov nos abre una perspectiva inédita sobre la revolución soviética. Puede ser, no he tenido el gusto de verla. Ojalá que así sea.

Tengo suficientes razones para sospechar que la producción de Argo ha “optado” por repetir una posición trillada sobre la revolución iraní como el contexto para contarnos un hecho histórico de relevante gravedad. Como el gobierno de los Estados Unidos está desde antaño dedicado a joder a los iraníes, y con bríos renovados en los últimos años, sospecho que el objetivo esencial de Argo es generar en la opinión pública norteamericana y mundial un estado de antipatía hacia los gobernantes iraníes, y un estado si no favorable cuando menos apático ante una próxima invasión de la OTAN sobre Irán.  

Como prueba de todo lo dicho: Volver al futuro es para mí la mejor película de la historia del cine, y no debo ser el único que piensa lo mismo. Dicen por ejemplo que fue la película favorita de Ronald Reagan. Aunque se puede concordar o no conmigo y con Ronald, nadie  se atrevería a discutirnos que Volver al futuro es un peliculón maestro.  Y sin embargo: ¿Ustedes recuerdan a quién le roba el Doc el combustible nuclear para el DeLorean? ¿Recuerdan la combi, los morochos árabes y el lanzamisiles RPG7? ¿Recuerdan quién ametralla a Emmett Brown? Adivinen. Una ayudita de su servidor: K

Encima de todo, por lo que cuenta el Cuervo, sospecho que la película de Affleck es una cagada. Oscar se pregunta: “¿Cómo es que Argo goza de un consenso tan amplio, cómo es que algunos especialistas protestaron porque la Academia no distinguió el "gran" trabajo de Affleck con una nominación como director? ¿Cómo puede ser que algunos levanten la bandera del clasicismo ante lo que es producto de la pura rutina y obediencia rasa a los procedimientos genéricos? Probablemente porque los críticos obligados a cubrir los estrenos semanales están todo el año expuestos a productos incluso peores que Argo, porque se sienten maltratados en sus empleos o porque se resignaron a creer que el cine...”.

¿No será, Cuervo, que han de estar entongados de alguna forma más o menos discreta con el negociete? ¿O acaso el antikirchnerismo local (ese que combatimos cada quien desde su espacio) no es parte de una campaña mundial contra los gobiernos que desafían al imperialismo y las derechas propias y ajenas?

Solución de la adivinanza:
 
 
 

miércoles, 23 de febrero de 2011

La película de Facebook

Estrenada a fines del año pasado, Red Social ya ganó un par de premios grosos y figura entre las diez (bastaban cinco) candidatas a llevarse el Oscar este domingo. En diversas críticas publicadas por cuando estuvo en cartelera, encuéntrase repetido un adjetivo común: endiablado. Brillo endiablado, ritmo endiablado, diálogos endiablados, todo endiablado. La recepción fue endiabladamente positiva. Poseídos por las diabluras del guión, los comentaristas coincidieron en elogiar el trabajo de Aaron Sorkin, autor de dos libretos muy buenos y a la vez bastante jodidos como son los que dan letra a Hombres de honor (endiabladamente anticubana) y Mi querido presidente (endiablamente sionista). Pero claro, en una los diálogos corren por cuenta de Jack Nicholson, Tom Cruise y Kevin Bacon, y en la otra están a cargo de Michael Douglas, Martin Sheen, Michael Fox y Annette Bening. Amigachos entrañables si los hay. Pasa que, malaprovechándose de nosotros, Red Social nos encaja de nuevo a este contacto Justin Timberlake, presunto primer hombre en la endiablada vida sexual de Britney Spears. Concedo que no está mal Jesse Eisenberg, que suele hacer de tímido nerd y aquí hace de introvertido traga, protagonista de una película que no consigue arraigarse en ninguno de sus intereses: “derecho”, “universidad”, “informática”, “club de genios”, “deportes”, etc. Ni siquiera se la banca en el género “cancheritos” que tanto cautiva al director David Fincher (El club de la pelea). Es decir que por mucho que el diablo haya metido la cola en Facebook, en sus orígenes, y en los trillones de dólares y desvergues amorosos generados, queda exonerado de cualquier responsabilidad intelectual relacionada con el bodrio en cuestión. Inaceptable.

viernes, 5 de noviembre de 2010

Vikingo


¿Peliculón argentino en cartelera? Tengo toda la sensación de que sí. Me enteré ayer revisando el mail con la reseña de los estrenos semanales que "El Amante" me envía cada jueves. Dicen: "Vikingo, de José Campusano, tiene mayoría de defensores en la revista, varios muy entusiastas, y hay alguno que otro menos apasionado, en franca minoría. En el número que está en los kioscos hay una crítica a favor y una entrevista con Campusano. Aquí les ofrecemos un texto sobre la película de la cobertura del Mar del Plata 2009".
En youtube encontré esta escena:

miércoles, 28 de julio de 2010

Eva Goris


El lunes pasado, a la medianoche del 58 aniversario de su fallecimiento, canal 7 proyectó “Eva Perón”, de Juan Carlos Desanzo, protagonizada por Esther Goris. Inspirado tal vez por los afiches conmemorativos conque la CGT empapeló Paseo Colón, aproveché para verla por segunda vez. La había visto cuando su estreno, en 1996, es decir que corriendo el segundo mandato menemista, un gobierno que, atmosféricamente hablando, no funcionaba como caja de resonancia ideal para las arengas justicialistas del filme. Recuerdo que algunos/as gustaban de explicar aquel entonces diciendo que “Menem no es peronista”. No, claro: Menem era, fue, es, será y parecerá siempre peronista. De derecha, si se quiere, o en el colmo de los colmos del camaleonismo, pero peronista al fin. Era más honesto hablar del “movimiento”, mientras se ponía cara de “Es muy difícil explicarlo...”. Hasta era mejor incluso pegar una sola putiada y mandarse a mudar a Miami.


Pero no estamos en Miami. Seguimos aquí. Lo que sí, estamos es en otro tiempo, uno bastante mejor, ganado a suerte de luchas, aquí, allá, en todas partes. Antenoche, aquella que me había parecido una película embobada en iluminar las imágenes de un pasado glorioso, me resultó ahora una pieza memorable y de gran utilidad para entenderse mejor con la política. La calificaría como “muy buena” si no fuera porque se excede en la cantidad de discursos peronchos, y porque el retrato del calvario físico de la heroína se torna demasiado largo y doloroso. Pero vaya si tiene escenas extraordinarias. La discusión sostenida entre la primera dama y los obreros ferroviarios durante la huelga de 1950, por ejemplo. “Hacerle una huelga a Perón...”, reflexiona con indignación ese personaje profunda y convincentemente encarnado por la montevideana Esther Goris. Qué gusto da verla y escuchar sus líneas, siempre en ritmo y dueña del cuadro. Otro momento notable acontece hacia el final de la película, en el dormitorio agónico de Evita. La reina, la plebeya número uno del mundo, quien a los 33 años se está muriendo de cáncer y bronca de dejar desamparado a su pueblo, recibe a quien parece ser la persona que mejor la entiende y la quiere. Se trata de su modisto, Paco Jamandreu admirablemente interpretado por Horacio Roca, quien le confiesa: “Ser puto, ser pobre y ser Eva Perón en este país despiadado es la misma cosa”. Con cuanta relevancia se actualiza hoy ese párrafo, esa charla.

En próximas dosis intentaré prestar más atención al fino tratamiento de la cuestión del facismo peronista que lleva adelante la película, cosa que logra a través de Goris y la evidente comprensión de una filosofía política otrora contagiosa que la película nos brinda en perspectiva, para valor de analizarla como fruto del conflicto y la experiencia social y no como una cuestión de malvados y vehementes oradores de pelada o bigotito. Cuando Enrique Santos Discépolo medio le reprocha la traición a los ideales de la democracia, Eva Goris le responde: “Dejate de joder y no me pongás de mal humor, Discepolín...”.

La pasó Canal 7 el lunes a la medianoche, antes de dar paso a esos dos compinches de la cinemanía. Conste que cuando digo “Canal 7” lo hago con énfasis, al cuidado de la costumbre de llamarlo simplemente “el 7”, en defensa de esa entrañable memoria de perilla, blanco y negro gracias a la cual TELEFE nunca dejó ni dejará de ser -¡y parecer!- “el 11”. Nostalgia donde “el 9” siguió jugando de 9 por más que Romay le mandara Libertad y palomita por los costados, tan escaso de goles. Y sepan de paso los más jóvenes que “el 13” no siempre fue el más insoportable entre los canales, y que América equivale al “2” de La Plata, el que sólo unos pocos agarran, retorciendo la antena y con mucha lluvia. (Todo para mostrar como el decir “La Televisión Pública”, además de largo, me hace un ruidito too much “nac & pop”)

lunes, 26 de julio de 2010

El ángel azul

A propósito del "Diario cordobés (2)" que Flavia De La Fuente viene llevando en La Lectora Provisoria sobre su participación en la Semana Internacional de la Crítica organizada en Córdoba por el Cineclub Hugo del Carril, Pecho, uno de sus colegas y comentaristas, graduado como yo en La Docta, y a quien personalmente conozco del pub del barrio, escribe algo que me permite esbozar las líneas fundamentales de un cuento. Él dice: 

...Disfruten Córdoba, donde viví 7 años estudiando en la universidad y disfruté del embrión del Cineclub Hugo del Carril, el Angel Azul, sobre la calle Colón, donde pude ver, en la primer función inauguratoria -año 1996- (gratis) el corto de Orson Welles “It’s all true” (sobre los brasileros que mueren a punto de llegar de una travesía en balsa sobre el atlántico) y “El angel azul -piernas largas Dietrich-” en 35 mm. Larga vida al Cineclub que tanto me dio cuando era un jovenzuelo irreverente. Vayan a comer pizza a “Estación 27″. Ahí nos emborrachamos con Roger por primera vez en 1999. Abrazo grande y nostálgico para mis amigos.
Pecho
Juan Bautista Echegaray Dice:
Julio 26, 2010 en 2:59 pm

Pecho:

Mi segundo año de alumno en nuestra Escuela de Ciencias de la Información, 1992, transcurrió habitando el décimo piso de un edificio ubicado en el Complejo Sto Domingo, ese colmenar humano que ocupa mitad de la cuadra limitada entre las calles 27 de Abril, Vélez Sárfield, Belgrano y Deán Funes. Yo compartía un depto de dos ambientes con cuatro amigos mendocinos. Resulta que cierta tarde, uno de ellos, el Carly, de walkman por los laberintos de la planta baja del Complejo, no viene y conoce a una vecinita, la Claudia, que por allí andaba de habitual paseo con su dálmata. Entre los ingredientes de magia que confluyeron para el nacimiento de aquel amor hubo un elemento alevoso que el Carly me contó a la vuelta del segundo encuentro: los padres de la Claudia eran los dueños de “El ángel azul”.

Así fue como vimos (gratis) un montón de estrenos de la época, entre ellos “Nada es para siempre”, que desde entonces es una de mis películas favoritas. Lo que de seguro no fue para siempre fue la propiedad de "El ángel azul", y para cuando vimos “Plan 9 del espacio sideral”, el cine ya había cambiado de manos y de onda. Lo que sí fue para siempre es el romance de los vecinos, que ya llevan varios años radicados en Alta Gracia, donde enterraron al dálmata y donde tuvieron dos hijos, el mayor de los cuales es mi ahijado.

Un abrazo y saludos a la peña de Gibraltar.

PD: en “Estación 27” atienden las mozas más lindas del mundo. En su época de oro respondían al nombre de Nora (la Colo) Paola (la rubia) y Alejandra (la morocha).

martes, 1 de junio de 2010

Easy rider



El sábado pasado murió Dennis Hopper, a quien todos vimos en tantas películas, algunas de las cuales son clásicos del cine. Dennis fue el fotógrafo desquiciado en “Apocalipsis Now” (1979) y uno de los dos entrañables motoqueros Harley-Davidson de “Easy Rider” (1969) aquí conocida como “Busco mi Destino”. Acerca del significado de “Easy rider”, Peter Fonda dijo en una entrevista con la revista Rolling Stone: “Es un término sureño para llamar al hombre que vive con una prostituta, no un fiolo, sino el tipo que vive con ella. Porque él tiene una montada fácil. Eso es lo que ha pasado en los Estados Unidos. La libertad se ha vuelto una puta y nosotros estamos teniendo una montada fácil”.
Pero si tengo que elegir uno de sus papeles, me quedo con el de “True Romance” (1993) dirigida por Tony Scott y con guión de Tarantino. Miremos de vuelta ese memorable diálogo con Christoper Walken.


Coccotti: You know who I am, Mr. Worley?

Clifford: I give up. Who are you?

Coccotti: I'm the Anti-Christ. You got me in a vendetta kind of mood. You tell the angels in heaven you never seen evil so singularly personified as you did in the face of the man who killed you. My name is Vincent Coccotti. I work as counsel for Mr. Blue Lou Boyle, the man your son stole from. I hear you were once a cop so I can assume you've heard of us before. Am I correct?

Clifford: I heard of Blue Lou Boyle.

Coccotti: I'm glad. Hopefully it means we can cut out the part of the conversation where you're wondering how full of shit I am.

Clifford: I haven't seen Clarence.

Coccotti: You see that? [Holding a clenched fist, then striking Clifford] That smarts, doesn't it? Getting slammed in the nose. Fucks you all up. You get that pain shootin' through your brain, your eyes fill up with water. That ain't any kind of fun, but what I have to offer you, that's as good as it's gonna get. And it won't ever get that good again. We talked to your neighbors. They saw a Cadillac. Purple Cadillac. Clarence's purple Cadillac, parked in front of your trailer yesterday. Mr. Worley, you seen your son?

Clifford: Now, wait a minute and listen. I haven't seen Clarence in three years. Yesterday he shows up here with a girl, sayin' he got married. He told me he needed some quick cash for a honeymoon, so he asked if he could borrow five hundred dollars. I wanted to help him out so I wrote out a check. We went to breakfast and that's the last I saw of him. So help me God. They never thought to tell me where they were goin'. And I never thought to ask.

Coccotti: Sicilians are great liars. The best in the world. I'm a Sicilian. And my old man was the world heavyweight champion of Sicilian liars. And from growin' up with him I learned the pantomime. Now there are seventeen different things a guy can do when he lies to give him away. A guy has seventeen pantomimes. A woman's got twenty, but a guy's got seventeen. And if you know 'em like ya know your own face, they beat lie detectors to hell. What we got here is a little game of show and tell. You don't wanna show me nothin'. But you're tellin' me everything. Now I know you know where they are. So tell me, before I do some damage you won't walk away from.

Clifford: Could I have one of those Chesterfields now?

Coccotti: Sure.

Clifford: Got a match? Oh, don't bother. I got one.

Coccotti: ...your son, the cowboy, it's claimed, came in the room blazin', and didn't stop 'till they were pretty sure everybody was dead.

Clifford: What are you talkin' about?

Coccotti: Talkin' about a massacre. They snatched my narcotics, hightailed it outta there. Woulda got away with it, but your son, fuckhead that he is, left his driver's license in a dead guy's hand.

Clifford: You know, I don't believe you.

Coccotti: That's of minor importance. What is of major fucking importance is that I believe you.

Clifford: You're Sicilian, huh?

Coccotti: Yeah, Sicilian.

Clifford: You know, I read a lot. Especially about things that have to do with history. I find that shit fascinating. Here's a fact, I don't know if you know or not, Sicilians were spawned by niggers.

Coccotti: Come again?

Clifford: It's a fact. You see, Sicilians have black blood pumpin' through their hearts. If you don't believe me, you can look it up. Hundreds and hundreds of years ago, you see, the Moors conquered Sicily. And Moors are niggers.

Coccotti: Yes...

Clifford: So you see, way back then, uh, Sicilians were like, uh, WASPS from Northern Italy. Ah, they all had blonde hair and blue eyes, but, uh, well, then the Moors moved in there, and uh, well, they changed the whole country. They did so much fuckin' with Sicilian women, huh? That they changed the whole bloodline forever. That's why blonde hair and blue eyes became black hair and dark skin. You know, it's absolutely amazing to me to think that to this day, hundreds of years later, that, uh, that Sicilians still carry that nigger gene. Now this...

[Coccotti laughs]

Clifford: No, I'm, no, I'm quoting... history. It's written. It's a fact, it's written.

Coccotti: [laughing] I love this guy.

Clifford: Your ancestors are niggers. Uh-huh. Hey. Yeah. And, and your great-great-great-great grandmother fucked a nigger, ho, ho, yeah, and she had a half-nigger kid... now, if that's a fact, tell me, am I lying? 'Cause you, you're part eggplant.

Coccotti: Ohhh!

Clifford: Huh? Hey! Hey! Hey!

Coccotti: You're a cantaloupe. [shoots Cliff in the face]

lunes, 21 de diciembre de 2009

Bye baby


La rubia representaba el mestizaje entre una onda bien clásica y la mordacidad de la picardía moderna. Dos características que también definen la belleza y el carácter de 8 Mile (2002) que la contó en su reparto y es –a mi entender–  una de las 10 mejores películas de la década que termina. Nos seguiremos encontrando con ella en esa y otras millas del camino. Haciendo dedo.




viernes, 4 de diciembre de 2009

Ella es


Ella es quien pasa a ser mi preferida de estos tiempos, quitándole el cetro a la, para mi gusto actual, excesivamente dramática Kate Winslet. Susan Sarandon, 63 añitos, neoyorquina, de libra, que diera su salto al estrellato en la celebérrima The Rocky Horror Picture Show (1975). Anoche la vi junto a Ralph Fiennes en Bernard & Doris (2006), la cual por supuesto recomiendo.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

Lo mejor y lo pior del cine 2009




A poco de concluir otra temporada bastante desértica en lo que a cinematografía se refiere, llega el momento de celebrar el amante ritual de elegir “Las diez mejores y la peor” del 2009. He visto poco. Repasando la lista de estrenos, apenas si llego a reconocer diez títulos. No creo haberme perdido de mucho. Ojala el futuro me contradiga. Durante el mes que queda puede que alcance a ver algunas como Up, una aventura de altura, y quién sabe para Navidad ya esté en condiciones de completar mi selección. Por lo pronto voy a elegir nomás seis. En cuanto a la más pésima no hay dudas, y Luna Nueva ya compite por ser la peor película que vi en mi vida, junto a candidatas como No te mueras sin decirme adónde vas, cuya condena perpetua por el crimen cometido una noche de junio de 1995 podría a estas alturas conmutarse en comparación a los harto más graves y recientes daños causados por Will Smith En busca de la felicidad.
A modo personal, me complaceré otorgando premios en otras categorías.

Las mejores

1) El luchador (Darren Aronofsky): la vuelta del titán Mickey Rourke a los primeros planos fue de por sí motivo de alegría. Llegó para pasearnos por el mundo verdadero que hace a la profesión de los ilusionistas como Karadagián, tan duro arriba como abajo, dentro y fuera del ring. Debió ganar el Oscar que le dieron al multimimado Sean Penn por hacer –indiscutiblemente muy bien– de puto. Viva el papel de una de las mejores y más lindas actrices como es Marisa Tomei.
2) Gran Torino (Clint Eastwood): sin palabras, puros aplausos de admiración y agradecimiento.
3) Vicky Cristina Barcelona (Woody Allen): fina lección de amor y sexualidad, encantador el personaje de Javier Bardem, y primera vez que disfruto el trabajo de Penélope Cruz.
4) El curioso caso de Benjamin Button (David Fincher): confluencia afortunada entre el ingenio sencillo que da pié a la historia –obrado por el genio extraordinario del escritor Francis Scott Fitzgerald–, la conversión y cristalización cinematográfica de la misma, ahí donde la dirección logra sacar ese color que el tiempo deja en las hojas de los libros, y el protagonista, nombre sinónimo de la belleza masculina contemporánea y de grande actor.
5) Operación Valquiria (Bryan Singer): de trama más que interesante y con la presencia siempre eficaz y, sobre todo, entretenida de Tom “el number one” Cruise.
6) 30 días de noche (David Slade): los filmes de vampiros están entre los más usufructuados y maltratados por la industria. Si bien no alcanza a escapar completamente de ambos colmillos, este tiene un muy buen comienzo, un Carrefour entero de latas de sangre con niña vampiro incluida en el medio, y el final más triste y bello de los últimos tiempos.

Premio Gringo Heinze a la pior : Luna nueva (Chris Weitz): mierda, mierda, mierda, mierda, mierda, etc.

Decepciones: Che: Guerrilla (Steven Soderbergh), Enemigos públicos (Michael Mann) & Bastardos sin gloria (Quentin Tarantino)

Sorpresa: 30 días de noche (David Slade)

Actores favoritos del momento: Ralph Fiennes & Greg Kinnear

Escena favorita del momento: Ralph Fiennes yendo a buscar el arma en Perdidos en Brujas (Martin McDonagh)

Mejor actriz hasta ahora pero…: Kate Winslet

Guante de goma a la actriz más hermosa: Rachel Weisz

Mejor peli para agarrar empezada en el cable: 8 Mile (Curtis Hanson, y fuck free world!!!)

Mejor final con compilado de escenas fallidas: Mentiroso, mentiroso (Tom Shadyac)

Actor cada vez más reconocido como un capo: Jim Carrey

Actor y actriz no necesariamente malos e incluso buenos pero que ya cansan repitiéndose: Ashley Judd & Jack Black

Definitivamente insoportable peor actriz: Angelina Jolie

Actriz cada vez más pedorra: Nicole Kidman

domingo, 22 de noviembre de 2009

Cine Palma é Vampiros


¿Cómo se explica una película de amor entre dieciochoañeros que no beben, no fuman, no cojen, que casi ni se besan? ¿Cuál es la gracia de unos vampiros que no muerden cogotes, que no temen a la luz solar o a los crucifijos, que no detestan el ajo, que no duermen en ataúdes ni mueren estaqueados en el corazón? ¿En dónde se ha visto una de hombres lobos, y que además se llame Luna Nueva, en donde no haya una sola imagen del satélite?
Semejantes ingredientes no pueden resultar en otro menú que no sea el aburrimiento más total, o como bien dice un crítico del Tomatómetro: “El asesino número uno de la película son sus 2 horas 10 minutos de duración y la repetición continuada del argumento”. Por argumento se refiere a: la chica extraña los labios pintados del muchacho vampiro y se consuela histeriqueando a los abdominales del muchacho lobo.
La razón matriz de un plato tan insípido es que la autora de la saga, Stephenie Meyer, pertenece a la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, más conocida como Iglesia Mormona, cuya doctrina considera que “nuestro Padre Celestial se deleita en la castidad” y predica “la sumisión a los reyes, presidentes, gobernadores y magistrados, la obediencia, honra y manutención de la ley”. Por ello, dada la bola formada en torno a sus fanatismos y récords de taquilla –y aunque suene paranoico– hay que ubicar al film como parte premeditada de la vanguardia ideológica conque la derecha norteamericana y mundial busca abrirse camino para recuperar terreno simbólico y político imponiendo una nueva restauración conservadora. El blanco del contrataque se ubica en la silueta del futuro próximo, es decir, los teenagers de hoy.
Para no quedarnos en la mera especulación política y chusmear sobre la calidad formal de sus contenidos, veamos lo que escribió Rodrigo Fresán y dijo Stephen King, quienes leyeron dos de los 29 millones de libros que Stephenie lleva vendidos sólo en el 2009, que le significaron 35 millones de euros equivalentes al puesto 26 de los famosos mejor remunerados del año: “Meyer –hay que decirlo, lo afirmó no hace mucho Stephen King causando un cierto revuelo– es una pésima escritora. Alguien que parece haber aprendido nuestro idioma siguiendo un poco riguroso curso por correspondencia”. Lo que King le dijo a USA Today fue que “ambas Rowling y Meyer están hablándole a un público joven; la real diferencia es que J.K.Rowling es una tremenda escritora y Meyer no puede escribir nada que valga la pena”.
Otra causa más general, pero no accidentalmente relacionada con la producción de este bodrio, debe rastrearse en las marcas que sobre la cinematografía contemporánea han dejado los colmillos finiseculares del esnobismo, esa poderosa gravedad que atrae a cierta gente hacia ciertas modas, ciertos autores, opiniones, usos lingüísticos, a la batucada. Por más que los líderes del primer mundo y la Ciudad de Buenos Aires celebren como gran hito de la humanidad la caída de una medianera alemana (la que, por cierto, tenía unos lindos murales) lo que más que nada se vino abajo con el dominó de los ‘80/‘90 fue la entrada al mercado laboral de las nuevas generaciones, los salarios, el prestigio de las ideas emancipadoras, la capa de ozono que permitió a un anticomunista casado con una activista antirock, ex vicepresidente del país más contaminante del planeta, ganar el Premio Nóbel de la Paz. Debacle que combinada con un fenómeno en sí mismo positivo como fue la híper masificación del modo de consumo individual que trajeron las tecnologías magnéticas y digitales, produjo un incremento exponencial de las escuelas y matrículas estudiantiles del séptimo arte. La infinita mayoría de los talentos y sueños que allí se educaron fueron molidos en las picadoras blockbuster de la industria, en tanto seguimos padeciendo las torturas infringidas por el genio de quienes triunfaron a merced de otras fuerzas y voluntades como la intervención divina de la mesmísima providencia que nos ayuda a esclarecer análogamente carreras tales como la del Gringo Heinze. No sería el caso de Chris Weitz, otrora director de la maravillosa Un gran chico, sino el caso de Chris Weitz, más acá hallado culpable de doble espectadoricidio por La brújula dorada y Luna nueva.
La salida de la Luna nueva costó 50 millones de dólares, de los cuales parece que la mitad se repartieron por igual entre los bolsillos adolescentes de la heroína, Kirsten Stewart, y su querido muerto vivo, Robert Pattison. No sé en qué se habrá invertido el resto, porque si contabilizamos los efectos especiales, aquí la gran guachada son unos perros a los que les pasaron el mouse, les dieron “Seleccionar todo”, “Zoom/Agrandar/Cortar/Pegar" y listo el pollo, digo, el lobizón. Es evidente que el poder de verosimilitud de lo efectos computarizados está retrasado respecto de la competencia receptiva de un público que vio La Guerra de las Galaxias hacen 30 años, Jurassic Park hacen 15 y Matrix hace ya una década.
Pero lo más exasperante de todo es la pendeja, la protagonista, siempre con esa hermosa cara de orto antes puesta en Hacia lo salvaje (la imbancable roadmovie “antisistema” de Sean Penn) Zhatura y la antecesora Crepúsculo, que siendo muy mala, sin embargo tenía uno que otro momento interesante, como cuando Edward la saca a pasear a Bella por entre las copas de las secuoyas, que sugiere a Súperman volando con Luisa sobre la noche de Metrópolis, o la escena del auto estrolado contra la granítica vampiridad del facha. Entre toda la basura que viene con la segunda entrega, hay también guiño a una obra maestra del subgénero como es Entrevista con el vampiro, y nos trasladamos a Italia para sufrir en la corte de una ilustre familia chupasangre, con la aparición de Dakota Fanning incluida en el tour.
Luna Nueva es el colmo de lo horrible, y el ingenio popular todavía no ha urdido los adjetivos, las puteadas necesarias para calificarla y desquitarse a gusto. Por fortuna la matemática admite el menos diez (–10).