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sábado, 11 de junio de 2011

Gabinetes espaciales

por Juan Bautista Echegaray

Aclaración necesaria: Desafío a cualquiera a competir en el decatlón bautizado “a ver quién es más pro yanqui”. Los principios básicos de la contienda serán el amor a la humanidad, el internacionalismo proletario y las voluntades tanto de ganar como de aceptar la rendición con la nobleza real del ajedrez. Las disciplinas a medirse serán:

1. inglés
2. geografía de los EEUU
3. sociología de los EEUU
4. deportología de los EEUU
5. cinematografía de los EEUU
6. literatura de los EEUU (condicional haber leído “La conjura de los necios”)
7. cantar acompañándose de guitarra y armónica un tema norteamericano, preferiblemente de Bob Dylan (se aceptan canciones de los canadienses Neil Young y Leonard Cohen)
8. polémica (en ningún caso se vale agitar con cifras récords de muertos, regla impuesta desde que el clarinetista neoyorkino Woody Allen dijera que “sólo sirven para romperlos”)
9. haber mantenido, literalmente: “relaciones carnales con los EEUU”.
10. haber vivido en los EEUU

Doy ventaja en la décima prueba. Confío en que algún día finalmente voy a ir. New Jersey, Philadelphia, Springfield, donde sea. Esto si el cuestionario de aplicación a la visa ya no incluye la pregunta: “¿Alguna vez ha sido miembro o de alguna forma ha estado afiliado al Partido Comunista o algún otro partido totalitario? Si/No”. Mientras siga vigente estoy chau). Estoy afiliado al PC desde abril de1982 y ahí permaneceré, totalitariamente.

Hecha la correspondiente salvedad, puedo agregar con crédito que celebro la conquista espacial argentina establecida ayer con el lanzamiento del SAC D.

Yo también soñé con ser astronauta

A decir verdad, lo que mi mejor amigo de la niñez y yo queríamos ser de grandes era “astrónomos”. Coger y viajar por el espacio eran los más altos sueños de nuestras aspiraciones infantiles. Como la inmensa mayoría de los soñadores novatos, ambos debimos conformarnos con mirar a las estrellas, y bajo las luces y sombras que nos apuntan desde su observatorio consagrarnos de lleno al amoroso ejercicio de la reproducción animal.

Aunque ninguno de los dos había ido a Disneylandia, la sigla “NASA” nos sonaba tan apetitosa como las hamburguesas de Pumper Nic, la Coca Cola, la Seven Up, la Pepsi, un Chevy, un Ford, un Levis, etc. Toda esa mierda formó y sigue formando parte entrañable de nuestro ser, y nos importa un carajo si esto le pesa a quien le pese. Crecíamos con las series norteamericanas y salíamos extasiados de los cines tras el trance de ver “La guerra de las galaxias”, “King Kong”, “Superman”.

El tema es que mi querido amigo y yo estábamos del lado de “los rusos”. Siguiendo los amigables consejos de la machaza tutoría de nuestros padres, los dos varoncitos habíamos tomado partido por la “Unión Soviética”, como nos enorgullecía llamar a “los rusos”. La nuestra era una designación desde todo punto de vista más precisa y por lo tanto harto más respetuosa del extranjero. Nuestra URSS versus la utilización de un gentilicio genuino pero escogido como diabólico mote para aterrorizar la opinión de la platea y volcarla a favor de la conspiración capitalista montada contra la revolución de octubre, una obra bastante exitosa que tuvo no poco que ver con el derrumbe de nuestros compitas soviets y aledaños.

Nos valía verga estar contra la corriente. Éramos dos. Éramos y seguimos siendo amigos. Decíamos: “La Unión Soviética carajo”. Y nunca escuchamos a nadie, ni siquiera a nuestros adversarios del colegio –los “yankilizados al mango”– gritar: “Vivan los EEUU carajo”. Cuando nos tocó la adolescencia, la secundaria y la militancia política, tampoco vimos jamás la quemazón de una bandera roja. No digo que no las haya habido, pero convengamos que, en un eventual recuento de trapos incinerados, la proporción entre estandartes de barras/estrellas y hoces/martillos está tan desbalanceada que prácticamente se resuelve poniendo el símbolo de “tiende a infinito” (∞). Ejemplo: un millón de banderas norteamericanas ardiendo por doquier, versus el mercenario saudita pagado por la CIA, Osama Bin Laden, quemando una bandera soviética en una esquina afgana de Kabul.

Compañeros de viaje

La puesta en órbita del “SAC D Aquarius” es un logro elogiable que enorgullece a las distintas comunidades del mundo involucradas en su ingeniería, confección y lanzamiento, y habla muy bien de la recuperación nacional en un sector estratégico como es el desarrollo científico de la Argentina. Es una nota por demás excelente.

De cualquier manera, y por mucho que el personal de la NASA sea vegetariano, haga yoga, y tenga a su nombre y cuidado un árbol del Iguazú, conviene seguir muy alertas respecto de que la NASA no es una institución ecologista desinteresadamente preocupada por la salinidad de los mares y los efectos del deshielo polar. La NASA no es un Partido Verde ni una ONG ambientalista apadrinada por Bono, U2, B52, UB40 y los Niños Cantores del Tirol. No. La NASA forma parte del núcleo duro del llamado Complejo Militar Industrial de los Estados Unidos de América, y su presupuesto ronda los 18.000.000.000 de dólares anuales, casi equivalente al PBI de un país pequeño pero muy pujante como El Salvador.

Los bolches le venían sacando la bosta a los yankis en la exploración espacial desde mucho antes del 4 de octubre de 1957, cuando el programa espacial soviético lanzó el primer satélite artificial del mundo, bautizado “Sputnik 1”. La palabra “sputnik” quiere decir en ruso “compañero de viaje”, con una acepción astronáutica que significa “satélite”. Para la época, el Sputnik era la gran guachada: llevaba una linterna, dos radios y cuatro antenas un poco más largas que esas con las cuales lidiamos todos hasta el magnetífico advenimiento de Cablevisión.

Pero el Congreso de los Estados Unidos percibió este avance tecnológico como otra amenaza a la seguridad norteamericana. Tras varios meses de debate, el Presidente Eisenhower y sus consejeros acordaron fundar una nueva agencia federal que dirigiera toda la actividad espacial. Wikipedia dice “…toda la actividad espacial no militar”. La aclaración debiera entenderse como el típico disfraz lingüístico que suele calzarse esta sociedad ideológicamente basada en UNA CATERVA de pronunciamientos humanitarios, subordinados al cinismo práctico de la propiedad capital en sus diferentes soportes materiales, financieros y simbólicos. Decir “toda la actividad espacial no militar” es lo mismo que decir “intervención humanitaria para proteger a los civiles por todos los medios necesarios”. Bombardeos con fines de desestabilización local y ocupación imperial, como tan bien sabemos.

He leído en varios sitios que la NASA (National Aeronautics and Space Administration) no podría ser lo que es sin el aporte fundamental del alemán Werner Von Braun, científico destacado en los proyectos armamentísticos ordenados por el Führer durante la Segunda Guerra Mundial, quien tras la derrota de Alemania paso a prestar servicios en suelo estadounidense, poniendo todos sus conocimientos en diseño de aviones a propulsión y transportes aéreos no comerciales en el desarrollo de un proyecto espacial que terminara por afianzar a los Estados Unidos como potencia.

Ni más ni menos que a esto refiere la oración que Oliver Stone incluyó en el guión de “JFK”, dentro de la inolvidable escena en que Donald Sutherland le va explicando a Kevin Costner a qué se dedican y cuán eficientes son los grupos de tareas ecuménicas del Pentágono: “En la Segunda Guerra estuve en Rumania, en Grecia, en Yugoslavia. Ayudé a evacuar parte de la inteligencia nazi antes del fin de la guerra. Los utilizamos a todos para combatir el comunismo”.

La familia Nobel, la propiedad privada y el Estado

Echando un vistazo al currículum del actual administrador de la NASA, Charles F. Bolden jr., veremos que se graduó en la Academia Naval de Estados Unidos en 1968 y que su primer grado militar fue el de Lieutenant (teniente) del Cuerpo de Marines. Tras recibir entrenamiento de vuelo en Pensacola (Florida) Meridian (Mississippi) y Kingsville (Texas) fue designado aviador naval y piloteó más de 100 incursiones en Vietnam, Laos y Camboya. Luego pasó dos años como oficial de la Infantería de Marina y tres años invertidos en diversas tareas en la Estación Aérea del Cuerpo de Marines de El Toro, California. Llevaba registradas más de 6.000 horas de vuelo cuando en 1980 fue seleccionado como candidato a astronauta de la NASA. Fue miembro del Cuerpo de Astronautas hasta 1994, cuando regresó al servicio activo en la Infantería de Marina como Comandante Adjunto de Guardias Marines en la Academia Naval. De febrero a junio de 1998 se desempeñó como Comandante General en apoyo de la “Operación Zorro del Desierto”, que culminaría en una serie de bombardeos que los EEUU y el Reino Unido llevaron a cabo sobre Irak entre los días 16 y 19 de diciembre de aquel año, en el pico del escándalo desatado después del celebérrimo pete que la bibliotecaria Mónica Lewinsky le propinó al presidente Clinton.
Charles Bolden, que formó parte del pelotón de campaña aeroespacial de Barack Obama, y que fue designado al frente de la NASA por el Premio Nobel de la Paz que comanda la invasión en Libia, no tiene nada pero nada que ver con:

a) Bernardo Alberto Houssay, quien después de sus descubrimientos sobre el papel desempeñado por las hormonas pituitarias en la regulación de la cantidad de azúcar en sangre (glucosa) fue galardonado con el Premio Nobel de Medicina en 1947
b) Luis Federico Leloir, Premio Nobel de Química en 1970 por su investigación de los nucleótidos de azúcar y su rol en la fabricación de los hidratos de carbono
c) César Milstein, ganador del Premio Nobel de Medicina en 1984, otorgado por su trabajo sobre anticuerpos monoclonales
d) Carlos Saavedra Lamas, Nobel de la Paz 1936
e) Adolfo Pérez Esquivel, Nobel de la Paz 1980

El jefe de la NASA no es Hebe de Bonafini. En todo caso podríamos caratularlo en el perfil schoklenderiano, siendo que en Spacenews.com puede leerse que el “Orlando Sentinel reportó en junio del 2010 que Charles Bolden quiso anular un proyecto de 10 millones de dólares para el desarrollo de biocombustibles propuesto por su adjunta Lori Garver y otros en concesión a la empresa Omega Oil Company”. ¿A qué se debió la oposición de Bolden jr.? A que Bolden ha formado parte del directorio de la compañía Marathon Oil Corporation, igualmente interesada en la concesión del proyecto. Bolden todavía conserva en su poder 1 millón de dólares en acciones de la compañía.

Bolden está secundado por un administrador adjunto –Lori Garver– cuya función principal es “servir como segundo en el mando de la agencia y ser responsable frente al administrador de proveer al liderazgo global, la planificación y dirección política de la agencia”. El administrador adjunto que más tiempo ha permanecido en el cargo como interino fue John R. Dailey, que ocupó el puesto tras retirarse del Cuerpo de Marines.

Un marine no es exactamente un marinero. El término evoca un gorrito y un uniforme a la medida de Popeye, pero en realidad se trata de combatientes.

Todo lo que sea trabajar en el desarrollo, la cooperación, el aprendizaje y la instrucción, en la materia que sea, sea bienvenido siempre y cuando no atente contra la seguridad del planeta y sus habitantes animales, vegetales y minerales. El gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica y su agencia NASA no son precisamente un ejemplo.

El SAC D Aquarius fue lanzado desde una plataforma ubicada en el 14° Cuartel General, Base Aérea de Vandenberg, California, al Mando Espacial de la Fuerza Aérea de los EEUU. Air Force Space Command en inglés.

viernes, 10 de junio de 2011

La muerte del poeta

por Juan Bautista Echegaray


El 12 de julio de 1973, Pablo Neruda cumplió en Isla Negra 69 años. Los festejó acompañado por su esposa Matilde Urrutia, Volodia Teitelboim, Gladys Marín, el poeta y diputado mapuche Rosendo Huenumán, el escritor venezolano Miguel Otero Silva, y el editor Gonzalo Losada, a quien Pablo le hizo entrega de ocho libros inéditos: La rosa separada, El mar y las campanas, Jardín de invierno, 2000, El corazón amarillo, El libro de las preguntas, Elegía, Defectos escogidos.

Neruda se hallaba de vuelta en Chile desde principios de año, tras renunciar a su cargo como Embajador en Francia por cuestiones de salud. Tenía cáncer de próstata, el segundo más común entre los hombres después del cáncer de piel, y sólo superado por el cáncer pulmonar en las estadísticas fatales. Sin embargo los médicos que lo atendían opinaban que el mal era controlable y que podía vivir unos años más. A principios de septiembre recibió la visita del secretario general del Partido Comunista Chileno, Luis Corvalán. Juntos analizaron la grave situación política planteada con los paros provocados por la burguesía nacional, el bloqueo económico de los EEUU y los rumores crecientes sobre un inminente golpe de Estado contra el gobierno de Salvador Allende. Corvalán le dijo que, en el peor de los casos, sería muy inconveniente para los golpistas meterse con una personalidad mundialmente famosa y respetada como él, a lo que Neruda le respondió: “García Lorca era el príncipe de los gitanos y fíjate lo que le hicieron”.

A las cuatro de la madrugada del 11 de septiembre, escuchando una radio argentina que captaba por onda corta, Neruda supo que la marina chilena se había sublevado en Valparaíso. El 13 de septiembre por la mañana, 40 soldados carapintadas armados con metralletas allanaron la casa de los Neruda. El miércoles 19, Pablo y Matilde dejaron Isla Negra en dirección a Santiago a bordo de un Fiat 125 conducido por Manuel Araya Osorio, chofer, asistente y guardaespaldas del matrimonio desde su regreso a Chile. El trayecto hacia la capital fue un calvario de retenes y maltratos policiales, pero lograron llegar a la Clínica Santa María, donde el Embajador de México había conseguido que cuidaran de la salud del poeta hasta su partida al exilio prevista para el próximo lunes 24.

El asistente cuenta que el día antes de volar hacia México, “Neruda nos pidió a mí y a Matilde que viajáramos a Isla Negra a buscar sus cosas más importantes, entre éstas sus memorias inconclusas. Creo que eran Confieso que he vivido. Dejamos a Neruda acompañado por su hermana Laurita, en excelente estado, tomando todos sus medicamentos. Todos eran pastillas, no había inyecciones. Nosotros nos preocupamos de recoger todo lo que nos indicó. Estábamos en eso cuando Neruda nos llamó como a las cuatro de la tarde a la hostería Santa Elena, donde le dieron el recado a Matilde, quien devolvió la llamada. Neruda le dijo: ‘Vénganse rápido, porque estando durmiendo entró un doctor y me colocó una inyección’. Cuando llegamos a la clínica, Neruda estaba muy afiebrado y rojizo. Dijo que lo habían pinchado en la guata y que ignoraba lo que le habían inyectado. Entonces le vemos la panza y tenía un manchón rojo”.

Osorio fue enviado por órdenes de la Clínica a comprar unos medicamentos para Pablo. En el camino fue capturado por las fuerzas policiales y llevado al centro de detención y torturas instalado en el Estadio Nacional. Mientras tanto, la temperatura de su protegido ascendía hasta el grado del delirio, un ardor que Matilde sofocaba susurrándole las inmensas olas de Isla Negra y el vaivén de las plantas oceánicas.


El poeta murió esa misma noche del domingo 23 de septiembre en la habitación número 406 de la clínica Santa María. El funeral se realizó en el Cementerio General, rodeado por el ejército pinochetista.

El certificado de defunción de Ricardo Neftalí Reyes, alias Pablo Neruda, estableció como causa de muerte la catexia cancerosa, un estado de desnutrición extrema, atrofia muscular y fatiga propio de los enfermos terminales. El abogado Pedro Piña, concejal del Partido Comunista de Chile en la provincia de San Antonio, Valparaíso, donde esta ubicada Isla Negra, asegura que: “Nosotros tenemos testimonios de a lo menos 6 u 8 personas que estuvieron con Neruda los 15 días antes de su muerte que describen que era una persona saludable, que comía, hacia todas sus actividades, incluso Neruda conversó con el embajador de México el día 22 de septiembre, aprontando su viaje hacia México, asilado por el presidente Luis Echeverría. En consecuencia, desde luego que nos causó mucha extrañeza la causa de la muerte en el certificado porque si bien padecía de un cáncer, no estaba para nada en un estado terminal. La otra circunstancia fue que al analizar la prensa de la época, El Mercurio en su edición del día 24 de septiembre de 1973 relata que se le colocó un calmante a Neruda y entró en shock debido a una baja de presión, circunstancia que obviamente no era propia porque Neruda no padecía del corazón. Nosotros hemos conversado con el chofer, con los asistentes, hemos ubicado a una serie de personas que servían incluso domésticamente a Neruda y eso nos causó la duda muy razonable de que la muerte pudo haber sido inducida mientras permanecía en la clínica Santa María”.

Manuel Araya Osorio sobrevivió a la dictadura. Dice no tener duda alguna: “Neruda fue asesinado”. Sostiene que la orden vino de Augusto Pinochet: “¿De qué otra parte iba a salir?”.

El pasado 31 mayo del 2011, el Partido Comunista de Chile representado por su presidente y diputado Guillermo Teillier procedió a presentar ante la Corte de Apelaciones una querella “para que se enjuicie a todo aquel que pudiere resultar responsable por la presunta intervención de terceros en la muerte del poeta y premio Nobel de Literatura, Pablo Neruda. El Partido Comunista de Chile se hace plenamente responsable de este acto”.

Se nos ha dicho que en las horas infernales de la siesta del 11 de septiembre de 1973, atrincherado en el Salón Independencia de la Moneda, Salvador Allende se dio muerte jalando el gatillo de un AK 47. La izquierda chilena nunca creyó dicha versión. Gabriel García Márquez tampoco, tal es así que ese mismo año anunció su propia teoría de los hechos en Crónica de una tragedia organizada.

El colombiano los conocía personalmente a ambos, a Salvador y a Pablo. De Neruda ha dicho que fue “el más grande poeta del siglo XX en cualquier idioma”. Don Gabriel cuenta que una vez se lo encontró en Barcelona:  
Fue el día en que Pablo Neruda pisó tierra española por primera vez desde la Guerra Civil, en la escala de un lento viaje por mar hacia Valparaíso. Pasó con nosotros una mañana de caza mayor en las librerías de viejo, y en Porter compró un libro antiguo, descuadernado y marchito, por el cual pagó lo que hubiera sido su sueldo de dos meses en el consulado de Rangún. Se movía por entre la gente como un elefante inválido, con un interés infantil en el mecanismo interno de cada cosa, pues el mundo le parecía un inmenso juguete de cuerda con el cual se inventaba la vida.
No he conocido a nadie más parecido a la idea que uno tiene de un Papa renacentista: glotón y refinado. Aun contra su voluntad, siempre era él quien presidía la mesa. Matilde, su esposa, le ponía un babero que parecía más de peluquería que de comedor, pero era la única manera de impedir que se bañara en salsas. Aquel día en Carvalleiras fue ejemplar. Se comió tres langostas enteras descuartizándolas con una maestría de cirujano, y al mismo tiempo devoraba con la vista los platos de todos, e iba picando un poco de cada uno, con un deleite que contagiaba las ganas de comer: las almejas de Galicia, los percebes del Cantábrico, las cigalas de Alicante, las espardenyas de la Costa Brava. Mientras tanto, como los franceses, sólo hablaba de otras exquisiteces de cocina, y en especial de los mariscos prehistóricos de Chile que llevaba en el corazón. De pronto dejó de comer, afinó sus antenas de bogavante, y me dijo en voz muy baja:

—Hay alguien detrás de mí que no deja de mirarme.

Miré por encima de su hombro, y así era. A sus espaldas, tres mesas más allá, una mujer impávida con un anticuado sombrero de fieltro y una bufanda morada masticaba despacio con los ojos fijos en él. La reconocí en el acto. Estaba envejecida y gorda, pero era ella, con el anillo de serpiente en el índice.
Viajaba desde Nápoles en el mismo barco que los Neruda, pero no se habían visto a bordo. La invitamos a tomar el café en nuestra mesa, y la induje a hablar de sus sueños para sorprender al poeta. Él no le hizo caso, pues planteó desde el principio que no creía en adivinaciones de sueños.

—Sólo la poesía es clarividente —dijo.

Después del almuerzo, en el inevitable paseo por las Ramblas, me retrasé a propósito con Frau Frida para refrescar nuestros recuerdos sin oídos ajenos. Me contó que había vendido sus propiedades de Austria y vivía retirada en Porto, Portugal, en una casa que describió como un castillo falso sobre una colina desde donde se veía todo el océano hasta las Américas. Aunque no lo dijera, en su conversación quedaba claro que de sueño en sueño había terminado por apoderarse de la fortuna de sus inefables patrones de Viena. No me impresionó, sin embargo, porque siempre había pensado que sus sueños no eran más que una artimaña para vivir. Y se lo dije.
Ella soltó su carcajada irresistible. “Sigues tan atrevido como siempre”, me dijo. Y no dijo más, porque el resto del grupo se había detenido a esperar que Neruda acabara de hablar en jerga chilena con los loros de la Rambla de los Pájaros. Cuando reanudamos la charla, Frau Frida había cambiado de tema.

—A propósito —me dijo—: Ya puedes volver a Viena.

Sólo entonces caí en la cuenta de que habían transcurrido trece años desde que nos conocimos.

—Aun si tus sueños son falsos, jamás volveré —le dije. Por si acaso.

A las tres nos separamos de ella para acompañar a Neruda a su siesta sagrada. La hizo en nuestra casa, después de unos preparativos solemnes que de algún modo recordaban la ceremonia del té en el Japón. Había que abrir unas ventanas y cerrar otras para que hubiera el grado de calor exacto y una cierta clase de luz en cierta dirección, y un silencio absoluto. Neruda se durmió al instante, y despertó diez minutos después, como los niños, cuando menos pensábamos. Apareció en la sala restaurado y con el monograma de la almohada impreso en la mejilla.

—Soñé con esa mujer que sueña —dijo. Matilde quiso que le contara el sueño.
—Soñé que ella estaba soñando conmigo —dijo él.
—Eso es de Borges —le dije. Él me miró desencantado. —¿Ya está escrito?
—Si no está escrito se va a escribir alguna vez —le dije. Será uno de sus laberintos.

Tan pronto como subió a bordo, a las seis de la tarde, Neruda se despidió de nosotros, se sentó en una mesa apartada, y empezó a escribir versos fluidos con la pluma de tinta verde con que dibujaba flores y peces y pájaros en las dedicatorias de sus libros. A la primera advertencia del buque buscamos a Frau Frida, y al fin la encontramos en la cubierta de turistas cuando ya nos íbamos sin despedirnos. También ella acababa de despertar de la siesta.

—Soñé con el poeta —nos dijo.

Asombrado, le pedí que me contara el sueño.

—Soñé que él estaba soñando conmigo —dijo, y mi cara de asombro la confundió— ¿Qué quieres? A veces, entre tantos sueños, se nos cuela uno que no tiene nada que ver con la vida real.
(G.G.Márquez, Me alquilo para soñar)

Gabriel y Pablo en París, otoño de 1956

viernes, 20 de mayo de 2011

Contacto en Francia

Thierry Meyssan (1957, Talence, Gironda) es un periodista y activista político francés. Integró la dirección del Partido Radical de Izquierda y es el fundador de la Red de Prensa No Alineados Voltairenet.com. También ha sido dirigente de la Coordinadora Radical Antiprohibicionista, (CORA) organización política de la Unión Europea que tiene por objeto “acabar con el régimen prohibicionista de las drogas que ha favorecido la constitución de un sistema internacional de mafia, violencia y corrupción en constante crecimiento, favoreciendo el desarrollo de políticas autoritarias y amenazando libertades civiles y garantías democráticas”.

En 2002 presentó “La Gran Impostura”, una hipótesis sobre el 11S fundamentada exclusivamente a partir de documentos y declaraciones públicas del gobierno de los Estados Unidos, la cual sostiene que los atentados a las Torres Gemelas fueron organizados por una facción del complejo bélico-industrial norteamericano con el objeto de instaurar un régimen militar expansionista. El libro se transformó en best-seller mundial y fue complementado ese mismo año con la edición de “El Pentagate”, donde afirma que el ataque contra el Pentágono no se llevó a cabo con un avión comercial secuestrado sino con un misil.

Inmediatamente, el Departamento de Defensa declaró a Thierry “persona non grata” en el territorio de los EEUU. Por su parte, el Departamento de Estado lo considera a él y la Red Voltaire como las principales “fuentes de desinformación antinorteamericanas” del mundo.

A mediados del 2008 sus investigaciones lo llevaron a la conclusión de que el actual presidente de Francia es nada más y nada menos que un agente de la CIA. Nicolás Sarcozy le inició juicio y Meyssan decidió exiliarse en Siria. La Corte Suprema francesa obligó al servidor de internet de la Red Voltaire a suspender su salida y desde entonces la página es subida por un servidor ruso.

Su trabajo es un llamado a la unidad por encima de las divisiones nacionales y políticas. Es un llamado a la movilización popular en favor del derecho internacional y la paz mundial. Es la traducción francesa de nuestro llamado a resistir el proyecto de dictadura global encarnado en el gobierno los Estados Unidos.

Nuestro amor es el arma.

Sarcokahn


El movimiento NEOCONSERVADOR que ha copado a LOS DOS GRANDES PARTIDOS de EEUU cuenta entre sus raíces con cierto personaje “TROSKISTA” que apoyó la invasión de Bahía de los Cochinos y la guerra de Vietnam, un tal Max Shachtman. Traducido al francés: las relaciones entre LA DERECHA y EL “SOCIALISMO” galo indican que tanto NICOLAS SARCOZY como DOMINIQUE STRAUSS KAHN están en la nómina de CIA. Ampliaremos.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Odio


"En lo que respecta a la situación en Palestina, la solución de crear dos Estados es imposible; no es práctica. Actualmente hay una superposición completa de esos dos Estados. La partición está condenada al fracaso. Esos dos Estados no son vecinos, sino que son coextensivos tanto en términos de población como de geografía. No se puede crear una zona de amortiguación entre los dos Estados porque hay medio millón de colonos israelíes en la Ribera Occidental y un millón de palestinos árabes en el territorio conocido como Israel.

Por consiguiente, la solución radica en un Estado democrático sin fanatismo por razones religiosas o étnicas. La generación de Sharon y Arafat se ha acabado. Necesitamos una nueva generación en la que todos puedan vivir en paz. Observen a los jóvenes palestinos e israelíes: ambos desean la paz y la democracia y quieren vivir bajo un solo Estado. Ese conflicto está emponzoñando al mundo.

En realidad la solución se encuentra en el Libro Blanco que tengo aquí. La solución está en Isratina. Los árabes no albergan ninguna hostilidad ni animadversión hacia Israel. Somos primos y pertenecemos a la misma raza. Queremos vivir en paz. Los refugiados deberían regresar.

Son ustedes quienes provocaron el holocausto entre los judíos. Ustedes, y no nosotros, fueron quienes los incineraron. Nosotros les dimos refugio. Les dimos amparo durante la época romana, durante el reino árabe de Andalucía y durante el gobierno de Hitler. Son ustedes quienes los envenenaron; son ustedes quienes los aniquilaron. Nosotros les concedimos protección. Ustedes los expulsaron. Reconozcamos la verdad. Nosotros no somos hostiles; no somos enemigos de los judíos. Y algún día los judíos necesitarán a los árabes. Llegado el momento, los árabes serán quienes les den protección, para salvarlos, como hicimos en el pasado. Miren lo que todos los demás le han hecho a los judíos. Hitler es un ejemplo. Son ustedes quienes odian a los judíos, no nosotros".

(Muammar Kadafi, miércoles 23 de septiembre del 2009, Nueva York, Asamblea General de la ONU)

domingo, 8 de mayo de 2011

“Obama” Bin Laden y el gobierno terrorista de los EEUU

por Juan Bautista Echegaray


“América puede hacer todo lo que se propone”, amenazó el presidente de los Estados Unidos la noche del domingo pasado al anunciar la muerte todavía incomprobable de Osama Bin Laden, individuo cuya identidad cobrara la siniestra fama de haber sido el supuesto autor intelectual del colosal atentado del 11S. Lejos de sembrar la idea de que “ahora el mundo es más seguro”, el macabro discurso de celebración pronunciado por Barack Obama ha cosechado el repudio de los vastos sectores de la opinión pública mundial que en su momento cuestionaron la infundada decisión que lo distinguiera con el Premio Nóbel de la Paz. En aquella ceremonia, el comité noruego argumentó su capricho planteando que no se proponía condecorar una trayectoria sino comprometer al poderoso gobernante en la tarea de pacificar el planeta. “Siento que no merezco este honor”, expresó entonces Obama con incomodidad, y no se equivocaba.

A nadie se le escapa que el “exitoso” desenlace de la bautizada Operación Gerónimo -código de la incierta misión planificada para matar a Bin Laden- ha sido presentado en pleno contexto de las multitudinarias rebeliones árabes contra los gobiernos represivos antológicamente sustentados por los EEUU. Días antes de ser derrocado, el egipcio Hosni Mubarak recibía el halago de la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, quien lo calificaba como “un amigo de la familia”, y bien sabemos de la excelente amistad que existió entre las familias petroleras Bush y Bin Laden hasta el mismo día fatal del World Trade Center. Eran tan buenos amigos que mientras George W. Bush no tardaba en adjudicarle a un renegado ex alumno de la CIA la autoría del atentado (Osama) el único avión de pasajeros habilitado para despegar de suelo norteamericano era el jet en que decenas de saudíes apellidados Bin Laden se rajaban de su residencia en los EEUU.
Uno de los pilares de la campaña proselitista que catapultó a Barack Obama hasta la Casa Blanca fue la promesa de desmontar la base militar de Guantánamo y frenar las “guerras preventivas” inauguradas por George W. Bush en el 2001. Pero la promesa se transformó en un fantasma que deambula por ese castillo de la Santa Inquisición que sigue siendo Guantánamo. Promesa fantasma acosada por un millón de espectros afganos e iraquíes y por las almas desahuciadas de los cientos de soldados americanos que la demencial cruzada por la “justicia infinita” trasladó hasta el mismo infierno, de donde sin poder volver a casa, sólo lograron escapar pagando peaje con su suicidio. El Apocalipsis ahora: “El horror... el horror...”.
¿Su testimonio? Probablemente haya que leerlo en el apreciable descenso en los índices de popularidad que concitaba el presidente Obama de cara a su reelección en los comicios del año entrante. Dichos indicadores son además el reflejo directo de la apabullante crisis que embarga a los Estados Unidos, y que la administración actual decidió “enfrentar” aprobando ni más ni menos que un golpe de estado financiero a través del cual billones de dólares pertenecientes al patrimonio fiscal estadounidense fueron transferidos con absoluta impunidad a las bóvedas bancarias de los mismos culpables del descalabro hipotecario causante de la depresión.

Terrorismo de género

Resulta irritantemente significativo que la rimbombante buena nueva de la ejecución del talibán se dé justo cuando las cortes norteamericanas de justicia acaban de poner en libertad a Luis Posada Carriles, confeso responsable ideológico y material de innumerables actos terroristas organizados y solventados con el aporte de la CIA, y que perpetrados en nombre del anticomunismo se cobraran centenares de víctimas inocentes a lo largo y a lo ancho de nuestro continente. Y esto al mismo tiempo en que cinco ciudadanos de Cuba que se encontraban abocados a procurar impedir otro atentado contra su país, permanecen presos desde hace ya más de una década en el frondoso sistema carcelario norteamericano, pese a la violación reiterada de sus derechos legales y los reclamos de una notoria y valerosa parte de la comunidad cultural de los Estados Unidos.

Es innegable que la falta de pruebas y las contradicciones que revisten al informe proporcionado por Obama, suscriben al modus operandi conque la Casa Blanca se condujo en diferentes momentos de la historia, tanto para ocultar como para legitimar su participación en una serie inacabable de tragedias y conflictos de todo tipo. Algunos ejemplos son: el incidente del Golfo de Tomkin que abrió camino a la injerencia estadounidense en Vietnam; el Informe Warren que acusando al tirador Lee Harvey Oswald y su “bala mágica” archivó de forma inverosímil la causa por el crimen de JFK; la presunta existencia de armas nucleares y bacteriológicas en poder de Saddam Hussein que ocasionó el desembarco de los Marines en Irak. Pese a la dictadura mediática que sirvió para imponer estas falsedades, la verdadera trama de razones, efectos, protagonistas e intereses involucrados en estos y otros muchos hechos aberrantes, se fue descubriendo gracias al trabajo de investigadores que hasta perdieron la vida en el anhelo de explicarse a sí mismos y dar a conocer al mundo el quién, cómo y por qué de la barbarie. Valga homenajearles en el recuerdo de la labor realizada por el periodista argentino Carlos Suárez, autor de una obra clave para comprender las fuentes e implicancias enterradas bajo los escombros atroces sobre los que el presidente Obama pretende resucitar la pesadilla: “Autoatentados / Gemelas-Pentágono-CIA / El pacto oscuro detrás del 11 S” (Cartago Ediciones, 2008). En el mismo homenaje, se torna imprescindible recurrir a la memoria de Benazir Bhutto, lidereza del centroizquierdista Partido Popular Pakistaní, quien fuera la primera mujer de un país musulmán en acceder al cargo de Primer Ministro, y que en noviembre del 2007, semanas antes de morir asesinada durante una caravana popular, en un reportaje televisivo concedido al entrevistador británico Sir David Frost denunciara entre sus potenciales verdugos a “una figura clave en la seguridad, un ex oficial militar que tiene relaciones, entre otros, con Omar Sheik, el hombre que asesinó a Osama Bin Laden”.

Omar Sheikh es un ciudadano británico de ascendencia pakistaní que debutó en las grandes ligas del terror secuestrando un contingente de turistas occidentales que visitaban la India en 1994. Cinco años más tarde, en 1999, mientras cumplía condena por el hecho mencionado, fue liberado de los calabozos ingleses a cambio de los pasajeros de un vuelo de Indian Airlines en poder de los Talibán. El ilustre curriculum de Sheikh amerita bosquejar la hipótesis de que se trata de un triple agente de los servicios secretos de Inglaterra, Pakistán y Afganistán. La lista de acusaciones que pesan en su contra es larga. Se ha dicho que en los días previos a la catástrofe de Nueva York, Sheik le giró 100 mil dólares a un tal Mohammed Atta, sindicado como jefe del equipo secuestrador de los aviones que impactaron contra las torres gemelas. Se ha dicho también que ese dinero fue depositado siguiendo órdenes de los directores de la CIA y los ISI (Inter Services Intelligence, la Central de Inteligencia de Pakistán). Los primeros días de febrero del 2002, Omar Sheikh fue acusado por la desaparición del periodista norteamericano David Pearl, corresponsal del Wall Street Journal que se encontraba en Pakistán investigando las conexiones entre el 11S, la CIA y los ISI. A fin de mes, cuando sus captores difundieron un video que mostraba el instante en que Pearl era degollado, Sheikh se entregó inmediatamente a las autoridades pakistaníes. A instancias del presidente Musharraf, Sheikh fue condenado a la pena de muerte aunque sus abogados y la esposa de David Pearl alegaran desde el vamos que él no era el verdadero culpable. En el 2003, alguien llamado Khalid Sheikh Mohammed se hizo cargo de esta culpa en las mazmorras de Guantánamo. La ejecución de Sheikh sigue pospuesta, el alegato de su defensa aún no ha podido ser escuchado, nunca fue llamado a declarar por su vinculación con Mohammed Atta, y todo indica que sigue vivo como una especie de seguro: si abren la boca, lo invitamos a cantar a Sheikh. El pasaporte de Mohammed Atta fue hallado irrisoriamente intacto entre las ruinas humeantes del WTC.

Si Benazir Bhutto pudo predecir con toda certeza su propio asesinato, no es para nada descabellado deducir que cuando dijo que Omar Sheikh mató a Bin Laden estaba igualmente en lo correcto. Pero si así no fuera, subsiste la versión de que Osama Bin Laden murió el 15 de diciembre del 2001 en las montañas afganas de Tora Bora, en el límite con Pakistán. Si bien aquel día los aliados angloamericanos bombardearon las cuevas talibanes del área, Osama podría haber fallecido más que nada debido a las complicaciones de diálisis sufridas en su tratamiento del cáncer de riñón que a mediados de ese año requirió una emergencia quirúrgica operada en un hospital estadounidense de Dubai.

Al cumplirse una década de la voladura del Centro Mundial de Comercio, el presidente de los Estados Unidos anuncia que Osama Bin Laden fue abatido el fin de semana pasado en una mansión ubicada en las afueras de la capital de Pakistán, y que el comando “Gerónimo” asignado para ajusticiarlo terminó arrojando su cuerpo al océano “según las tradiciones del Islam”. A falta de muerto, la Casa Blanca se convino a mostrar las evidencias fotográfícas del cadáver. Eso hasta ayer. Hoy nos informan que el presidente Obama ha decidido no mostrar las fotografías “por motivos de seguridad nacional”. ¿Pero en qué quedamos, Mr. President? ¿No era que con la desaparición física de Osama el mundo era un lugar más seguro?

Los periódicos señalan que la salud de la popularidad de Obama se recuperó favorablemente y que las células talibanes ya están tramando la venganza. Vaya negocio el de la guerra.


En boca del mentiroso, lo cierto se hace dudoso

Idénticos métodos de propaganda sucia proliferaron durante estos últimos meses al servicio de una cobertura desinformativa que con inaudita y patética amplitud se ha encargado de apañar la invasión de la OTAN sobre Libia. Ninguna imagen pudo dar siquiera cuenta mínima y mucho menos irrefutable de los alarmantes reportes sobre las masacres cometidas por el tirano Kadafi entre las demostraciones callejeras que pugnaban por una apertura democrática. Incluso algunas figuras respetables del campo intelectual progresista, quienes desde muy temprano advirtieron los motivos de carácter económico excusados por la engañosa resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, coincidieron sin embargo con la prédica interventora cuando llamaron al apoyo de los “revolucionarios” que en menos de lo que canta un gallo se transformaron de pacíficos manifestantes en “fuerzas rebeldes” de fusil contra fusil. En paralelo, la diligente “acción humanitaria” propuesta, votada y divulgada como el “establecimiento de una zona de exclusión aérea con el único objetivo de proteger a las poblaciones civiles”, pronto hizo evidentes sus designios de jugar a favor de una de las partes en disputa, precisamente de esa heterogénea “bolsa de gatos” conque los expertos concluyeron en clasificar a las legiones levantadas en los ricos territorios petroleros asentados al este de Libia, donde hasta se puso en marcha un banco insurrecto encargado de chequear las transacciones del crudo que yace en las reservas más finas y baratas de la tierra.

Conjunción de factores que podría ayudarnos a entender cómo esta salvaje campaña de bombardeos sigue adelante amparada en el silencio y la inmovilidad de la mayoría de los gobiernos del mundo. Cabe resaltar la burdísima intentona difamatoria que la embajadora de los EEUU ante la ONU, Susan Rice, hiciera la semana pasada en el Consejo de Seguridad, cuando dijo que las tropas libias cometen violaciones sexuales masivas estimuladas con el uso de pastillas Viagra suministradas por el Coronel Kadafi. Lo dijo la misma semana en que los misiles de la coalición atlántica dieron muerte a un hijo y tres nietos del líder libio.

Con todo, el viejo cuento de las hadas madrinas nórdicas versus los ogros tercermundistas no consiguió hipnotizar a aquellos ciudadanos del mundo entero que tomaron en sus manos y conciencias la urgencia de esclarecer por sus propios medios y redes sociales los avatares de esta nueva invasión. Entre ellos, con su firma a la cabeza, el heroico Comandante Fidel Castro Ruz y las páginas digitales del portal Cuba Debate.

Un enorme peligro se cierne sobre la humanidad tras esta escalada de guerras multinacionales y mentiras flagrantes. Es competencia de nuestros gobiernos expresar oficialmente, sin más demora y al unísono la sanción universal que ponga freno a la gravísima situación planteada. En tal sentido, los pueblos de Sudamérica debemos movilizarnos por una iniciativa inmediata de la UNASUR. ¡Que la corona inglesa devuelva las Islas Malvinas y que los EEUU retiren la IV Flota de nuestros océanos!

Gerónimo!!!

Indignados, los herederos de la Nación Apache pusieron el grito en el cielo al enterarse que la increíble ofensiva que (no) mató a Osama Bin Laden llevó el nombre encriptado de “Gerónimo”, su último gran jefe. En 1888, dos años después de la captura de Gerónimo, el historiador Frederick Remington relataba sus luchas de resistencia contra la conquista española, yanqui y mexicana diciendo: “Los apaches fueron siempre los más peligrosos de todos los indios del oeste. En el ardiente desierto y en las vastas extensiones rocosas de su país, ningún hombre blanco pudo jamás capturarlos durante una persecución”. Gerónimo murió en 1909 confinado en alguna reserva apache de Luisiana, cuando el genocidio de su pueblo se había consumado y la Nación Apache quedaba expropiada y reducida a las mismas condiciones de degradación y miseria que aquejan a las familias quilmes y qom en la República Argentina.

Cuando en el año 2001 los agentes de la CIA destinados en Afganistán recibieron la orden de traer la cabeza de Osama Bin Laden al despacho del presidente George W. Bush, los ecos de cierta leyenda volvieron a resonar en los oídos gringos. La leyenda refiere que en sus jóvenes días de estudiante de abogacía, el abuelo de George W., don Prescott Bush, se fue una vez de campamento con sus compañeros de la Universidad de Yale hasta la tumba de Gerónimo, y que de allí se robaron la calavera del jefe indio como trofeo para la sociedad secreta que desde comienzos del siglo XX promueve a los altos funcionarios del Pentágono, la CIA y las principales empresas norteamericanas: la escalofriantemente célebre “Skull & Bones” (“Calavera y Huesos”). Al menos tres presidentes de los Estados Unidos han pasado por la secta. Dos de ellos son el hijo y el nieto de Prescott Bush, o sea George Herbert y George Walker Bush. El otro fue Howard Taft, aquel que dijo: “No está lejano el día en que tres banderas de barras y estrellas señalen la extensión de nuestro territorio: una en el Polo Norte, otra en el Canal de Panamá y la tercera en el Polo Sur. Todo el hemisferio será nuestro, pues en virtud de nuestra superioridad racial ya es moralmente nuestro”.

El cineasta Michael Moore, quien documentara las relaciones entre Osama Bin Laden, los Bush y el gobierno de los EEUU en el filme “Farenheit 9/11”, escribió el lunes pasado en su website: “Oh American Indians, we have killed people all over the world, but we will never forget you were our first”.

“Oh Indios Americanos, hemos matado gente en todo el mundo, pero nunca olvidaremos que ustedes fueron los primeros”.

martes, 3 de mayo de 2011

El regreso de los muertos muertos


Benazir Bhutto, dirigente del centroizquierdista Partido Popular de Pakistán, fue la primer mujer en ser elegida Primera Ministra de un país musulmán, cargo que ejerció entre los años 1988-1990 y 1993-1996. En 1998 debió exilliarse en Dubai, donde permaneció hasta octubre del 2007. El mismo día de su regreso a Pakistán, la multitudinaria comitiva que la acompañaba sufrió una serie de atentados en la ciudad de Karachi a consecuencia de los cuales murieron 139 personas y más de 400 resultaron heridas. A principios de noviembre, durante una entrevista televisada que le realizara el periodista británico David Frost (el mismo de "Frost/Nixon") la dama hizo públicos los nombres de quienes ella sospechaba estaban involucrados en planear su asesinato. Entre los nombres que menciona aparece alguien relacionado con un tal "Omar Sheikh, el hombre que asesinó a Osama Bin Laden". Bhutto murió asesinada al mes siguiente, el 27 de diciembre de 2007, durante una manifestación del PPP en la ciudad de Rawalpindi.


sábado, 16 de abril de 2011

De cómo el más bravo milico yanqui se hizo pacifista

Por Juan Bautista Echegaray

“Cuando miro hacia atrás considero que podría haberle dado algunos consejitos a Al Capone. Él, como gánster, a lo más que llegó fue a controlar con su banda tres distritos de Chicago. Yo, como marine, extendí mis operaciones en tres continentes”.

Smedley Darlington Butler, nacido en Pennsylvania en 1881, fue hasta su muerte en 1940 el oficial más popular de las tropas norteamericanas y el más condecorado en la historia militar de los Estados Unidos.

Su primera misión externa le llegó a los 19 años, cuando en 1898 fue destinado a Cuba poco después de que su país se apoderara de la Bahía de Guantánamo en plena guerra hispano-estadounidense. Al cabo de la misma, España debió ceder las Filipinas y Puerto Rico al control de los Estados Unidos, que consintió la independencia de Cuba a condición de mantener en Guantánamo la base armada que funciona hasta nuestros días.

Al año siguiente lo mandaron a Manila, donde se encargó de arrebatar de manos de los rebeldes filipinos conocidos como “insurrectos” el pueblo costeño de Noveleta. Durante su estadía, el joven oficial tuvo problemas con el alcohol y abandonó las Filipinas después de estamparse un enorme tatuaje que le cubría el torso desde la garganta hasta la ingle: un águila, un glóbo terráqueo y un ancla, el “Eagle, Globe, and Anchor”, emblema insignia de los Marines.

En 1900 fue asignado para sumar su país a la alianza multinacional que integrada por Japón, Rusia, Inglaterra, Francia, Alemania, Italia y el imperio austrohúngaro, invadió China para sofocar el “levantamiento de los bóxers”, una rebelión popular surgida como reacción a las contínuas invasiones occidentales y japonesas, y contra los tratados desiguales y la influencia cultural que dichas naciones impusieron a la dinastía Qing. Cien mil rebeldes con sus familiares y simpatizantes cayeron bajo el fuego aliado. La prensa internacional se encargó de justificar ante el mundo la intervención, difamando al levantamiento como una violenta campaña de ataques en perjuicio de los extranjeros residentes en China.

A comienzos del siglo XX encontramos a Butler participando en las primeras Guerras Bananeras que el gobierno de los Estados Unidos esparcirá por Centroamérica en respaldo de la United Fruit Company, empresa que a lo largo del siglo se encargará de apadrinar una serie infinita de conspiraciones políticas y golpes de Estado, y que a finales de los sesenta pasará a propiedad de Zapata Petroleum Corporation, fundada por George H.W. Bush en 1953.

De modo que Butler pasó el año 1903 acampamentado en Honduras y permaneció en Nicaragua entre 1909 y 1912. Luego volvió a las Filipinas, donde sufrió de fuertes colapsos nerviosos y severas fiebres tropicales. Licenciado temporalmente del ejército retornó a los Estados Unidos, se casó, e intentó sin mucha suerte dedicarse a la minería en las tierras de Virginia. En 1914, mientras se hallaba destacado en Panamá con su familia, recibió la orden de reportarse en las costas de Veracruz, en el Golfo de México, con la orden de monitorear a los revolucionarios de Emiliano Zapata y realizar las averiguaciones necesarias para diseñar una nueva expedición militar norteamericana, ahora hacia el corazón de la bonita vecindad del tequila y los mariachis. Butler logró escabullirse hasta la capital camuflado como el empresario ferroviario “Mr. Johnson”. Allí logró medir con precisión la capacidad armada del ejército mexicano y actualizar correspondientemente los mapas adecuados para llevar a cabo la invasión. De regreso en Veracruz entregó los informes finales, pero la invasión se frustró cuando el gobierno mexicano mandó sus fuerzas navales a impedir la entrada de un barco norteamericano sospechado de llevar armas al puerto de Tampico, ciudad que ya por entonces contaba con enormes inversiones norteamericanas en la industria local del petróleo, y donde en 1926 se instalaría la primer embotelladora de Coca Cola en México.

El incidente de Tampico no pasó de un entredicho diplomático. Sin embargo, el 9 de abril del '14 los Marines desembarcaron en Veracruz, tomando la ciudad por seis meses bien ocupados en capturar puerta por puerta a los líderes de la resistencia. Pero al evaluar que su presencia invasora conspiraba contra el objetivo de aniquilar a los revolucionarios -un deseo común a ambos gobiernos- resolvieron marcharse. En el transcurso de la ocupación, Smedley Butler obtuvo su primera Medalla de Honor del Congreso.

En 1915, cuando los rebeldes haitianos conocidos como “Cacos” mataron al dictator Vilbrun Guillaume Sam, el gobierno de los Estados Unidos no titubeó en enviar los escuadrones al mando del Mayor Butler a ejercer inmediato control de la situación. La mayoría de los cacos fueron apresados o asesinados y la insurrección quedó desbaratada. Los servicios prestados en Haití coronaron a Butler con su segunda medalla de Honor del Congreso. La experiencia arrojada en cada uno de estos asaltos será recogida en “The Strategy and Tactics of Small Wars”, un práctico manual de adiestramiento para combates en pequeña escala. Tiempo después, el héroe de Haití rememoraba sus destrezas en los siguientes términos: “los cazamos como cerdos”.

"Captura de Fort Riviere, Haití, 1915"
por D. J. Neary; ilustración en la que aparecen el mayor Smedley Butler,
el sargento Iams, y el soldado Gross (USMC art collection)

Butler cumplió 37 años en 1918, momento en que su mortífera conciencia empezaba a dar signos de reproche, tanto que se resistió a ser asignado a los frentes de combate de la Primera Guerra Mundial. En los campos de Francia, Butler se concentró en mejorar las deplorables condiciones sanitarias en que se hacinaban los soldaditos reclutados por su gobierno para ir a morir a Europa.

Al final de la guerra devolvió todas sus medallas de honor y volvió a casa para convertir la base de Quantico en el más prestigioso destacamento militar de los Estados Unidos. En 1924, el presidente Calvin Coolidge lo convenció de aceptar el ofrecimiento de incorporarse a la administración gubernamental de Filadelfia, tarea que en un principio Butler había rechazado debido a la fama de corrupto que pesaba sobre el alcalde de la ciudad. Su debut como Director de Seguridad se produjo una noche en la Metropolitan Opera House, cuando hizo entrar por turnos a los 4000 policías de la ciudad y desde el escenario comunicó al público presente: “Aquí las cosas van a cambiar desde ahora”. En 48 horas, los policías de Butler allanaron, clausuraron y destruyeron 900 bares clandestinos. Butler dió de baja a decenas de policías comprados por el crimen organizado y ordenó el traslado de comisarías enteras desde una seccional a otra.

La popularidad de Smedley Butler hizo que un grupo de la oligarquía industrial, financiera y mediática intentara reclutarlo para protagonizar un golpe de Estado contra Franklin D. Roosevelt y sus leyes sociales anticrisis. Le propusieron encabezar una movilización al estilo fascista, integrada por 500 mil veteranos que marcharían sobre Washington para establecer un gobierno paralelo favorable sólo a la minoría millonaria. En 1934, Butler denunció este complot ante el Congreso, pero sus denuncias fueron silenciadas y sólo se confirmaron después de su muerte, cuando salió a la luz el informe secreto de la comisión parlamentaria que investigó el caso.

En cierta ocasión, poco antes de abandonar las fuerzas armadas, Butler chimentó que Benito Mussolini había atropellado un niño con su auto y que en vez de bajar en su auxilio apretó el acelerador. La diplomacia italiana elevó sus quejas y Butler se vio obligados a pedir disculpas públicas para evadir una Corte Marcial en su contra.

Butler aprovechó los últimos años de su vida para militar contra el aventurerismo del complejo militar industrial de los Estados Unidos y fue un frecuente orador en los actos y protestas organizados por círculos de veteranos, iglesias y organizaciones pacifistas.

En 1935 publicó su famoso libro “La guerra es una estafa”, donde denunciaba el uso de las fuerzas armadas de los Estados Unidos en beneficio de Wall Street y las grandes compañias norteamericanas, haciendo pagar el costo económico y humano de la guerra a los ciudadanos de su país.

“No hay truco en las mangas de los gángsters que la pandilla militar no conozca. Parecerá extraño que yo, como militar que soy, haga tal comparación. He servido durante 30 años y cuatro meses en las unidades más combativas de las fuerzas armadas norteamericanas: el Cuerpo de Marines. Tengo el sentimiento de haber actuado durante todo ese tiempo de guardaespaldas o matón altamente calificado al servicio de los grandes negocios del Wall Street y sus banqueros. Nos ha ido bastante bien con Luisiana, Florida, Texas, Hawai y California, y el Tío Sam pudo tragarse México, Centroamérica, Cuba y las islas de la India Occidental como si fueran postres, y sin intoxicarse. En una palabra, he sido un pandillero al servicio del capitalismo. En 1914 afirmé la seguridad de los intereses petroleros en Tampico, México. Contribuí a transformar Cuba en un país donde la gente del National City Bank pudiera robar tranquilamente. Entre 1909 y 1912 participé en la limpieza de Nicaragua por cuenta de la firma bancaria internacional Brown Brothers Harriman. En 1916, por pedido de las grandes azucareras norteamericanos, llevé luz y civilización a la República Dominicana. En 1903 enderecé Honduras para comodidad de nuestras compañías fruteras. En China afiancé los intereses de la Standard Oil y ayudé a que nadie se metiera con ella. Fui premiado con honores, medallas y ascensos.

Cuando miro hacia atrás considero que podría haberle dado algunos consejitos a Al Capone. Él, como gánster, a lo más que llegó fue a controlar con su banda tres distritos de Chicago. Yo, como marine, extendí mis operaciones en tres continentes. El problema es que cuando el dólar americano gana apenas el seis por ciento, aquí se ponen impacientes y van al extranjero para ganarse el ciento por ciento. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera”.