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sábado, 10 de septiembre de 2011

Los Schlenker, manifestación nazi argentina


por Matías Bustelo

La reciente condena a prisión perpetua para Alan y William Schlenker por el asesinato de Gonzalo Acro no es sólo el más elocuente dictamen judicial de los últimos tiempos contra la barbarie justificada en la pasión futbolera; es también una advertencia sobre un largo proceso por el cual muchos ciudadanos argentinos de apellido alemán se han escudado en rasgos y orígenes centroeuropeos para excusar un comportamiento exacerbado, que ya desde Arminio hasta Hitler y sus secuaces de todas las etnias viene colmando al mundo de la más sanguinaria gama de muertes inducidas, con genocidios y todo.

Este comentario inicial, que a simple vista podrá ser tildado de germanofóbico, no nos evita inferir que son los Schlenker hijos de una conducta que los forjó fuertes y bien vistos, ya por las damas de la farándula (como Moria Casán, que se fotografió con el apuesto asesino William para la revista Caras un día después de haberse cometido el asesinato de Acro), como por una sociedad lamentable que ve “bien nacido” a todo individuo con sus nobles rasgos y su sonoro apellido; una sociedad tontamente acomplejada, que no encuentra tanta nobleza en los bien criados de rasgos sudamericanos como la encuentra en los hijos de los equivocados de Europa.

Se dirá que Osvaldo Bayer es también alemán, como lo es aún el vasto espíritu de Thomas Mann, Carlos Marx y de los hermanos Grimm. Pero estos saludables nombres de sonoridad centroeuropea, como el de los Schlenker, nunca se valieron de su etimología para ganar camino en el mundo de los pueblos con complejo de inferioridad (como sin duda es el nuestro), sino que salieron al mundo para dar la pauta de que el centro de Europa también construye magia como Brahms, piensa con razón, se enoja con la peligrosa violencia de Bismarck, ejerce lo justo como lo injusto, ama con pasión a veces digna y a veces equívoca y hasta sabe enfrentar al mundo central británico, que aún impera, con dignidad altanera y (hay que decirlo) una voluntad de violenta derrota que hasta a Schopenhauer haría palidecer de tanta verdad agolpada.

Que intente un periodista, por sagaz que fuera, obtener un reportaje hondo a los miembros de la colectividad germánica que, de a miles, habitan, prosperan y hasta mandan en el conurbano bonaerense. Que lo intente y se sorprenderá de la hermosa cultura y la cordialidad indudable propia de los hijos de la Germania Magna; hasta que el reporteado le plante la barrera, esa que le permitió vivir en Sudamérica como en la Renania y que hasta al más humilde de los alemanes le ha valido ser de los mejores entre sudamericanos. Como el SS standartenführer, Adolf Eichmann, devenido Ricardo Klement en Argentina, electricista de la Mercedes Benz de González Catán y buen vecino de San Fernando. Como el cientificista Herr Doktor Josef Rudolf Mengele, impune viajero del Cono Sur. Como el abusador de menores y espía de la temible DINA chilena, Paul Schäfer Schneider. Como los hermanos Alan y William Schlenker, que amparados en el visto bueno que en nuestra patria inspira su nombre y su saludable aspecto rugbier, cometieron sus crímenes mientras eran el nuero perfecto de la suegra sudamericana promedio y viajaban por el mundo con dinero sudamericano y el salvoconducto mundial de un buen parecer ario.

Ahora los Schlenker están condenados por asesinato y porque un proceso judicial los halló culpables. También están en libertad, por razones jurídicas que este humilde redactor no entiende y no le interesa entender. Ahora pueden valerse de las eficaces redes de solidaridad que los estados poderosos han logrado tender en todo el mundo y que permitieron a los alemanes nazis valerse de los buenos alemanes sudamericanos para limpiar sus manos de sangre, ejerciendo buenos y nobles oficios que a un sudamericano que ejerciera mismo trabajo no le rendiría tan buen fruto. Como las redes inglesas que desbarataron la unidad sudamericana. Como el prototipo yankee mormonizando (o debería decir aculturando) en bicicleta por los dominios de la Madre Tierra.

Ante estas advertencias es bueno recordar que un pequeño ciudadano alemán, aunque más enorme que todo el equívoco fervor con que a los pueblos poderosos obsequió la Historia, decía parecerse “al que llevaba el ladrillo consigo para mostrar al mundo cómo era su casa”. Se llamaba Bertolt Brecht, era un amigo del ser humano y deberíamos sospechar que su buena palabra faltó en el ideario agresivo, adinerado y grosero de los hermanos Schlenker.


viernes, 15 de julio de 2011

Por qué voy a sorprenderme

por Martín H

Si no fuera comunista sería liberal. A lo mejor porque vi muchas películas norteamericanas. O porque me gusta hacer lo que se me canta sin pedir permiso. En todo caso la verdad es que me hubiera encantado ser liberal si no fuera comunista. Y decir que Fito Páez puede decir lo que quiera en donde quiera. Y saber también que tiene que aguantar lo que se venga sin chistar. Me encantaría poder creer esas teorías de Rawls y las fábulas de la caña y el pescado. Es increíble cómo hizo mella la fábula oriental en el pensamiento liberal. El arte de la guerra se usa para los negocios tanto como el “sé tu mismo”. Me gustaría sobre todo decirle a Fito Páez que la porteñidad es libre de votar a quien le venga en gana y no tiene por qué darle explicaciones a él, un cantante mediocre, desafinado como el que más y ya un poco en decadencia. Me gustaría decirle a Aníbal Fernández que se tranquilice. Que atacando a los votantes no va a arreglar nada. Hoy Filmus está jugando la promoción. Si siguen así se va al descenso directo. Me gustaría sobre todo decirle a Sandra Russo que recibo el Clarín de lunes a viernes porque “me piace” (como le dijo Rodolfo Barra a un inquisidor Lanata). Me encantaría estar festejando con unos globitos amarillos con cara (hay que tener mal gusto para hacer globitos con cara). Pero no voy a hacer nada de eso porque soy comunista.

Lo que voy a hacer es preguntarme por qué la Ciudad de Buenos Aires vota lo que vota hace 20 años. ¿O acaso alguna vez votamos mejor? ¿O es más inteligente la gente que vote a Scioli en la Provincia de Buenos Aires? ¿O acaso los comunistas vamos a cuestionar cada elección en cada provincia argentina? Si es así estamos fritos. Siempre perdimos. Y perdimos por goleada. Por qué voy a sorprenderme.

Lo que voy a hacer es lo que hice. Me levanté leyendo (en el Clarin) el comienzo de la guerra civil en España y me emocioné con mis muertos. Leí a Jorge Semprún hablando del PCE como el partido de los “150.000” fusilados y escuché a mi viejo contarme una frase de Perón acerca de que los comunistas son como los piojos: “hay que mirarse debajo de la solapa”. Siempre estuvimos perdiendo. ¿Por qué me habría de preocupar ahora? ¿Por qué debería estar deprimido, triste o contrariado con todo lo que hemos vivido?

No.

Que de esta derrota se preocupen otros.

martes, 31 de mayo de 2011

¿Por qué no, Beatriz Sarlo?

Por Stella Calloni

Releyendo a Lucio V. López en “la Gran Aldea” y después de observar lo sucedido en torno a la ensayista y escritora Beatriz Sarlo, me pregunto si es que acaso no seguimos en ese mismo lugar. Porque no existe una explicación racional al debate y la polémica creada alrededor de una figura, que surge desde la izquierda política, en un tiempo en que ella integraba un nutrido grupo de intelectuales jóvenes, en un período duro pero de resplandores culturales y de las ciencias políticas y sociales.

En este momento son escasos los rebeldes que lograron escapar a la cooptación de los años 90, que sucedió a la devastación humana y cultural de las dictaduras. El modelo neoliberal vendido como espejitos de colores o espejismos inalcanzables para las mayorías, ofrecía tanto poder de visibilidad a quien saltara el charco, que en el marco de una creciente mediocridad, se fue pasando del medio pelo de Jauretche a la calvicie intelectual de esa misma clase social que tan bien identificó don Arturo con su aguda mirada y su brillante humor.

En realidad lo del paso televisivo de Sarlo no fue un debate en el mejor sentido de la palabra, porque de haberlo sido, en un programa que logró irrumpir en el vacío para mostrar en imágenes lo que brillantemente se discutió en grandes congresos en todo el mundo sobre la tragedia que significó la concentración mediática y sus inevitables consecuencias, la discusión hubiera girado en otros ejes.

Tampoco se fue a fondo sobre los proyectos de desculturización que irrumpieron en el entorno de una frivolidad decadente y que son claves para los nuevos diseños de recolonización mundial, lo que hubiera podido ser un debate creativo y necesario, que no permitía ambigüedades ni huidas.

Páginas enteras se han escrito y el programa “Sarlo” se extendió inútilmente a otros días y espacios. Lo grave es que esa discusión en muchos casos banal impidió ver algunos hechos realmente importantes que desafían los aldeanismos como lo sucedido el 26 de mayo pasado donde se produjo un salto cultural extraordinario durante la inauguración del Centro de Estudios Estratégicos del Consejo de Defensa Suramericano.

Lo que allí se dijo, en ese ministerio de Defensa tantos años vedados a la sociedad en su conjunto, fue en todos y cada uno de los casos un discurso provocativo, salido de los márgenes habituales, que nos puso frente a un enorme cambio cultural y político que fue reflexionar en torno a la decisión nada menos que de una política de defensa nacional y regional, que es una mudanza desde rezagos coloniales hacia la plena soberanía, es decir uno de los mayores actos de liberación genuina.

La conferencia magistral del vicepresidente de Bolivia y politólogo Álvaro García Linera, la creatividad de sus conceptos, la renovación del pensamiento crítico, hubiera dado lugar a un magnífico debate de ideas sobre el país, la nación, nuestra América y el mundo, trascendiendo lo exageradamente doméstico del discurso habitual.

Es preocupante que hechos como éste, clave y decisivo para toda América Latina, renovador y creativo para el mundo en medio de tantas zonas grises y guerras coloniales no aparezcan reflejados en los medios, no ya del sistema y del poder hegemónico, sino en los nuestros.

sábado, 14 de agosto de 2010

Lola vs el Padrenuestro y La Calle





Adoro mirarme al espejo. Poso, me acomodo las tetas, me tiro besitos. A veces cuelgo largo rato observándome. Discuto conmigo. Discuto con el mundo. Puteo y me hago reproches. Me maquillo lentamente y escruto mi ropa. Sonrío con mi aspecto serio o de colegiala puta. Me truco para que no se note el bulto. Me pongo perfume y ya estoy lista para salir a matar o simplemente para ir a comprar cigarrillos.
Tenía cinco años cuando me travestí por primera vez. La típica: ropa de la vieja saltando en la cama. Recuerdo cómo entrecerraba los ojos con el perfume de mujer (Al Pacino contenido) y decía: quiero. Pero tardé en hacerme travesti. Porque el tema no es salir del ropero. La cuestión es salir a la vereda. La joda es que te miren mal y te griten de todo. El problema es perder a los amigos y a la gente que siempre quisiste y supuestamente siempre te quiso. Incondicionalmente. Y así y todo, es lo de menos.
El milico sorete me pide documentos a cada rato, igual que a ese negrito de la villa con aspecto de menor delincuente al que hay que frenar porque si ahora es así te imaginás dentro de unos años. La vieja conchuda dice qué barbaridad, o algo por lo bajo, inaudible aunque sepas de qué se trata. Como cuando el pibe le pide una monedita al tipo que traga saliva y no le da porque para qué si irá a parar donde algún padre que lo explota. Pelotudo.
Adoro mirarme al espejo. Porque es como mirar a la sociedad: siempre se descubre algo nuevo. No tengo que recurrir a la prostitución para ganarme la vida. Lo intenté porque la sola idea me calentaba. Probé dos veces. Pero no sentí nada de nada. Me cogieron por todos lados mientras yo los miraba seductora, putita, pero para mí era lo mismo que estar mirando un programa de esos que dan a las seis de la mañana, que te venden durante una hora cosas que nadie necesita y tenés que llamar ya porque si no se agota el producto. Me convocaron para trabajar en varias casas de masajes pero rechacé las ofertas. Mi psicóloga me dijo que el problema era que yo tenía mucha cabeza para eso. Y mis hermanas travitas me pusieron entre la espada y la pared: “Ojalá nunca tengas que hacer lo que hago yo”. ¿Quién no sabe que es un ambiente de mierda? Pero no se lo conoce realmente hasta que se pertenece a él o al menos hasta que se lo ronda.
Todo parece muy down. Se prevé un final tristón y esperanzador a la vez. Con un “se puede” onda campaña radical. La verdad es que me encanta ser travesti. Me encanta ser lo que soy y lo que aún no soy y lo que voy a ser. Lo que aún no me dejan ser. Quiero mi nombre en mi documento. Quiero mi nombre en mi instituto. Quiero mi nombre resonando en los corazones y en las pijas de los chongos que me disputen. Me encanta que vengan y me cojan por todos los lados posibles. Y por los imposibles. Me encanta que me chupen la orejita y que me digan que soy una putita-calentona-perrita-guachita-cómo-te-voy-a-dar. Adoro que me besen con pasión. Me gusta cuando veo que alguien me está observando en la calle y yo le muevo deliberadamente el culo. Me gusta sentir que está conteniendo el aliento. Sé que los re caliento cuando pongo la boquita pintada de nena que hace puchero. O cuando digo “sí, papito”.

¡Qué manera de irme al infierno todos los días! Pero el infierno (igual que el cielo, decía mi nono) está acá en la tierra. Acá por la vereda donde yo voy esquivando soretes, como cualquiera. No hago más que dejar atrás la mierda social que nos tapa diciendo a todo que no, y le digo que sí a lo que quiero. La verdad que me cansé de los poderes constituidos que rezaron el padrenuestro contra la ley de matrimonio, que levantarán crucifijos contra lo que será la ley de identidad de género. Combato a ese poder todos los días. Con mi propio poder social e individual en los frentes de batalla, apostado contra todos los mecanismos programados para decir “no” a cada deseo íntimo.
Adoro mirarme al espejo. Allí veo a esta hermosa travesti militante que a diario se recuerda que es una hermosa travesti militante, y que seguirá siendo hermosa y seguirá luchando con una espada de dos filos hasta que sangre lo que tenga que sangrar. Como mi culo, si es necesario.Y eso que no conté nada.

Nicole Pietrangelo

integrante del Foro de Diversidad Sexual del INADI Bahía Blanca
afiliada al Partido Comunista