El té de jazmín, algunas veces
llamado té de flor de jazmín o tisana de jazmín, viene de China, donde se lo
bebe puro. En otros países suele mezclarse con otros tés como el
verde. Los polifenoles antioxidantes del té de jazmín puro, como también los del
té verde, son muy saludables y entre sus efectos se cuenta la
disminución del colesterol y la prevención del cáncer.
1. Usar agua que esté a punto de
hervir, nunca agua tibia. El agua debe estar a no menos de 77°C. Tener presente a su vez que si el agua
está demasiado caliente obtendremos un té bastante amargo
2. Agregar aproximadamente una
cucharada de hojas de té sueltas por pava
3. Remojar el té de uno a cinco
minutos. La liberación de polifenoles aumenta con el tiempo de
remojo y más de 5 minutos pueden igualmente aumentar la amargura
4. Puedes colarlo,
servirlo en tazas entibiadas. Bébelo en calma mientras todavía está caliente
A qué mirarte en ti si en mí te miro al tronchar de mis párpados el tallo y a qué quedarme a solas si no me hallo fuera de tu compañía en que me admiro
Quedas en realidad si me retiro de nuevo en mí contigo callo y si sigues siendo igual, por qué batallo y si vives en mí, por qué suspiro
Con raíz de reflejo ya sonido se alza la garza entre burbuja y vuelo y el agua que la ve pierde sentido y se pregunta si se ha vuelto cielo así me turbo yo, porque no creo que seas realidad aunque te veo
Estoy atado a tu silencio de agua a tu dulce silencio de agua clara tierra sin ojos soy con una fragua de cíclope en la cumbre de la cara tu corazón, pero mejor tu enagua y mejor que tu enagua, quien cantara el nombre oscuro que tu voz enjagua
El mundo por tus senos es redondo por tu vientre es redonda la alegría todo parece junto a ti tan hondo que se ahoga la voz
Eres de arena, con calles que se van llanto de dicha, risa de mi pena aquel temor humano de perderte se hizo de pronto realidad tan dura que hube de compararlo con la muerte para atenuar un tanto mi amargura
Pero ya te perdí en las campanas que tocan a rebato a rabia, a fuego rasgué tu cuerpo y entre caravanas de metales y sueños con jazmines arropé tu recuerdo
Venís bajando por la calle Baker con la vida en tu cabeza y la muerte en los talones otro buen día de locura como para beber la noche entera y olvidarte de todo Este desierto ciudadano te hace sentir tanto frío tiene millones de personas pero no tiene alma y te ha tomado mucho tiempo darte cuenta que estabas
equivocado cuando creías sostenerlo todo
Solías pensar que era tan fácil
solías decir que era tan fácil pero lo estás intentando ahora lo estás intentando…
Un año más y luego serías feliz
sólo un año más y luego ser feliz pero estás llorando ahora estás llorando Abajo desde la calle se ve luz donde él abrís la puerta, él tiene esa mirada en su rostro te pregunta dónde estuviste, le contás con quién te has
visto y hablan de nada Él tiene este sueño de comprar un terreno dejar la bebida y las relaciones pasajeras y entonces sentar cabeza en un pueblito tranquilo y olvidarse de todo Pero vos sabés que él siempre se mantendrá en movimiento sabés que nunca va a parar de moverse porque es una piedra movediza él es un verdadero rolling stone
Y cuando te despertás es un nuevo amanecer
el sol brillando, es un nuevo amanecer y te vas yendo, te vas yendo a casa
We'd like to know a
little bit about you for our files A We'd like to help you
learn to help yourself DGCAm Look around you all you
see are sympathetic eyes E7D Stroll around the
grounds until you feel at home
Nos gustaría saber un poquito de vos en nuestras filas Nos gustaría ayudarte a aprender a ayudarte a vos misma Mirá alrededor tuyo, todo lo que ves son ojos solidarios Date una vuelta y sentite como en casa
Magnus Carlsen nació con los fríos
otoñales del noviembre de 1990 en Tønsberg, Noruega, hijo una pareja de
ingenieros. Cuando tenía 5 años, su padre le enseñó a colocar y mover las piezas
de ajedrez. A los 13 ya era Gran Maestro, y a los 19 se convirtió en el más joven
jugador en trepar al primer puesto del ránking mundial. A comienzos del 2013 llegó
hasta los 2867 puntos de rating ELO, el más alto de la historia, ganando además la
oportunidad de disputarle la corona al hindú Viswanathan Anand. El campeonato,
programado al mejor de 12 partidas, se disputó durante estas dos últimas
semanas en Chennai, India. Las primeras cuatro resultaron tablas. El retador ganó
la quinta y la sexta. Tras entablar las dos siguientes, Carlsen volvió a derrotar
al campeón en la novena, quedando así a medio punto del título, que llegó en la
décima al cabo de 65 movimientos. Magnus, que el próximo sábado festejará sus 23
años, es el primer ajedrecista occidental en conseguir el título desde que
Bobby Fisher destronara a Boris Spassky en 1972.
Los alcohólicos erigen defensas
como diques los holandeses. Yo me pasé los primeros doce años de mi vida
matrimonial diciendo que «sólo me gustaba beber». También practiqué la Defensa
Hemingway, famosa en el mundo entero. Nunca se ha expuesto con claridad
(porque no sería de machos) pero consiste más o menos en lo siguiente: soy
escritor, es decir, una persona muy sensible; pero también soy un hombre, y los
verdaderos hombres no se dejan gobernar por la sensibilidad, porque eso sería de
maricones; por lo tanto, bebo. ¿Hay alguna otra manera de afrontar el horror
existencial y seguir trabajando? Además no pasa nada, puesto que yo me controlo. Como
buen machote.
Todo hasta que a principios de
los ochenta la asamblea legislativa del estado de Maine aprobó una ley
sobre botellas y latas retornables. A partir de entonces mis latas de medio litro
de Miller Lite ya no acababan en la basura, sino en un conteiner de plástico
que había en el garaje. Un jueves por la noche salí a sepultar allí unos cuantos cadáveres
caídos en combate. Para mi sorpresa, el conteiner, vacío el lunes por la
noche, estaba casi lleno. El único bebedor de Miller Lite de toda la
casa era yo.
¡La puta!, pensé. ¡Soy
alcohólico! Y no se elevó en mi cabeza ninguna opinión disonante.
Téngase en cuenta que hablo de alguien que había firmado El resplandor sin darse
cuenta de estar escribiendo sobre sí mismo (al menos hasta la noche que acabo de
referir). Mi reacción a la idea no fue desmentirla ni matizarla, sino
tomar una decisión muy influida por el miedo. Recuerdo claramente que pensé: mucho cuidado ahora porque si la cagás...
Si la cagaba (chocando y haciéndome mierda con el auto
o reventando una entrevista en directo por la tele) no faltaría quien me
aconsejara controlar mi afición a la bebida, y decirle a un alcohólico que controle lo
que bebe es como decirle a alguien con una diarrea de esas que hacen historia
que controle los esfínteres. Tengo un amigo que ha pasado por lo mismo y
cuenta una anécdota graciosa sobre su primera tentativa de recuperar el dominio
de una vida que se le escapaba. Acudió a un psicólogo y dijo que a su mujer
le parecía mal que bebiera tanto.
—¿Cuánto bebe? —preguntó el
psicólogo. Mi amigo lo miró con
incredulidad.
—Todo —contestó, como si cayera
por su peso.
Sé lo que sentía. Yo ya hace casi
doce años que no pruebo el alcohol, pero sigue pareciéndome
inconcebible la visión de alguien en un restaurante con una copa de vino a medias. Me
dan ganas de levantarme, ir a su mesa y gritarle en la cara: «¡Terminátela!
¿Por qué no te la terminás?» Me parece ridícula la idea de beber alcohol
como acto social. ¿Si no querés ponerte en pedo, por qué carajo no te pedís mejor una Coca y listo?
Durante mis cinco últimos años de
bebedor, siempre remataba las noches con el mismo ritual: vaciar en el lavaplatos las cervezas que quedaran en la heladera. Si no, al acostarme las oía
hablar y no tenía más remedio que levantarme a coger otra. Y
otra. Y otra.
En 1985 se había sumado a mi
problema alcohólico la adicción a las drogas, pero seguí funcionando
con relativa normalidad, como muchos consumidores de estupefacientes.
La idea de no hacerlo me provocaba pavor. Se me había olvidado por completo
cómo vivir de otra manera. Me desvivía por esconder las sustancias que
tomaba, tanto por miedo como por vergüenza. ¿Qué me ocurriría sin droga? Le había perdido el
paso a la vida normal. Volvía a limpiarme el
culo con ortigas, y esta vez a diario, pero no podía pedir ayuda. En mi familia
no se hacía así. En mi familia se fumaba, se bailaba pisando gelatina y cada
cual se guardaba sus cosas.
Aun así, la parte de mí que
escribe novelas y cuentos, la parte profunda que en 1975 (año en que escribí
El resplandor) ya sabía que era alcohólico, no estaba dispuesta a aceptarlo.
Como no entiende de silencios, empezó a gritar pidiendo ayuda de la única manera
que sabía: a través de mis relatos y de mis monstruos. A finales de 1985 y
principios de 1986 escribí Misery (título que describe perfectamente mi estado
de ánimo) la historia de un escritor que cae prisionero de una enfermera
psicópata y es torturado por ella. En primavera y verano de 1986 escribí
Tommyknockers en sesiones que solían prolongarse hasta la medianoche, con el
corazón a ciento treinta pulsaciones por minuto y las orejas tapadas con algodón
para cortar la hemorragia debida al consumo de coca.
Tommyknockers es un relato de
ciencia ficción a lo años cuarenta donde la protagonista, que es
escritora, descubre una nave alienígena enterrada en el suelo. La tripulación sigue
dentro, pero no muerta, sino en hibernación. Se trata de unos extraterrestres que
se te meten en la cabeza y hacen trastadas. El resultado es energía y una
inteligencia de índole superficial (la escritora, Bobbi Anderson, inventa entre
otras cosas una máquina de escribir telepática y un calentador de agua atómico)
pero se paga con el alma. Fue la mejor metáfora de las drogas y el
alcohol que se le ocurrió a mi cerebro, cansado y sometido a un estrés brutal.
Poco tiempo después, mi mujer
llegó a la conclusión de que no saldría solo de aquella espiral
descendente e intervino. Dudo que fuera fácil, porque yo ya estaba muy lejos de
cualquier sensatez, pero lo consiguió. Montó un grupo de intervención formado por
parientes y amigos, y fui obsequiado con una especie de tour por mi vida en
el infierno. El primer paso que dio Tabby fue vaciar en la alfombra una
bolsa de basura llena de cosas de mi despacho: latas de cerveza, colillas,
cocaína en botellitas de gramo, más cocaína en bolsitas, cucharitas para coca
manchadas de mocos y sangre seca, Valium, Xanax, frascos de jarabe
Robitussin para la tos y de NyQuil anticatarro, y hasta botellas de elixir bucal.
Aproximadamente un año antes, al observar la rapidez conque desaparecían del
lavabo auténticos botellones de Listerine, me preguntó Tabby si me lo bebía. Mi
respuesta, imbuida de altivez y superioridad, fue que cómo iba a
bebérmelo. Y era verdad. Prefería beberme el Scope, que era más agradable
porque sabía un poco a menta.
El sentido de la intervención, de
la cual puedo asegurar que fue igual de desagradable para mi mujer e
hijos que para mí, es que yo me estaba matando delante de sus narices.
Tabby me dijo que tenía dos alternativas: o hacer un tratamiento de rehabilitación o
marcharme de casa enseguida. Dijo que ella y los
niños me amaban mucho, y que por eso mismo no querían presenciar mi suicidio.
Yo regatié, que es lo que hacen
los adictos. Estuve encantador, como todos los adictos, y conseguí dos
semanas para pensarlo. Ahora, visto en perspectiva, se me ocurre un
resumen de toda la locura de aquella época. Un edificio se está incendiando. En la terraza hay un tipo agitando los brazos. Llega un helicóptero, se coloca encima de él, suelta una escalerilla de
cuerda y alguien grita desde la cabina: «¡Suba!». Y el tipo responde: «¡Deme dos semanas para pensarlo!»
La verdad, sin embargo, es que
pensé (al menos hasta donde me lo permitía mi estado) y acabó por
decidirme Annie Wilkes, la enfermera de Misery. Annie personificaba la
coca y la bebida, y decidí que estaba cansado de ser su escritor mascota. Temí
no poder seguir trabajando sin alcohol ni droga, pero decidí (repito, hasta
donde me lo permitía mi estado de confusión y desánimo) darlo todo a cambio
de seguir casado y ver crecer a los chicos. Si de veras había que escoger.
Que no fue el caso,
evidentemente. La idea de que la creación y las sustancias sicotrópicas vayan de
la mano es uno de los grandes mitos de nuestra época, tanto a nivel
intelectual como de cultura popular. Los cuatro escritores del siglo veinte cuya
obra ha tenido mayor responsabilidad en ello deben de ser Hemingway, Scott
Fitzgerald, Sherwood Anderson y el poeta Dylan Thomas. Son los que han
formado nuestra visión de un baldío existencial
donde la gente ya no se comunica y vive en un ambiente de asfixia y
desesperación emocionales. Ninguno de esos conceptos le es desconocido a la mayoría de
los alcohólicos, pero la reacción habitual es encontrarlos graciosos. Los
escritores que se enganchan a determinadas sustancias no se diferencian en
nada de los demás adictos; son, en otras palabras, borrachos y drogatas
vulgaris. Las afirmaciones de que la droga y el alcohol son necesarios para
atenuar un exceso de sensibilidad no pasan de ser la típica chorrada para
justificarse. He oído el mismo argumento en boca de operadores de quitanieves: que
beben para calmar a los demonios. Da lo mismo ser James Jones, John
Cheever o un simple borrachín de pueblo. Para un adicto, el
derecho al alcohol o la droga elegida debe protegerse a toda costa.
Hemingway y Fitzgerald no bebían porque fuesen personas creativas, alienadas u
oralmente débiles, sino por la misma razón que todos los alcohólicos. No
digo que la gente creativa no corra mayor riesgo de engancharse que en otros
trabajos, pero ¿y qué? A la hora de vomitar en la cuneta, nos parecemos todos
bastante.
Al final de mis aventuras bebía
cada noche una caja de latas de medio litro, y tengo una novela, Cujo,
que apenas recuerdo haber escrito. No lo digo con orgullo ni con vergüenza,
nomás con la vaga sensación de haber perdido algo. Es un libro que me gusta, y
ojalá guardara un recuerdo agradable de haber redactado las partes
buenas.
En los peores momentos no quería
beber ni estar sobrio. Me sentía desahuciado de mi propia vida. Al
iniciar el camino de vuelta, mi máxima ambición era creer en los que me
prometían una mejora a cambio de tiempo. Y en ningún momento dejé de
escribir. Me salieron muchas páginas sin garra, como de aprendiz, pero al menos
salían. Luego las metía en el último cajón del escritorio y pasaba al
proyecto siguiente. Poco a poco volví a encontrar el ritmo, y después la
alegría. Me reintegré a mi familia con gratitud, y a mi trabajo con alivio. Volvía
como cuando se vuelve a la casa de campo después de un largo invierno y se
empieza comprobando que no hayan robado ni roto nada durante los meses de
frío. Estaba todo intacto, todo en su sitio, completo. Una vez descongeladas las
cañerías, y prendido la corriente, funcionaba todo.
Tapa del amuleto
adquirido una tarde de 1991 en El Mundo del Libro, Obispo Trejo esquina Deán Funes, Córdoba
Contratapa del
mismo. La mancha solar se formó dichavando marihuana, y los arañazos raspando
en momentos de escasez la resina acumulada durante dichos oficios
Entrada para un concierto al que nunca creí que fuera ya posible asistir, el de esta misma noche
A los que al contemplarme rodando en el fango quisieran llorar a los que se pregunten por qué mi talento no pudo triunfar a los que me juzgaron sin darme derecho siquiera de hablar a todos los que quieran saber mi tragedia la voy a contar Yo siempre sostuve que no hay en el mundo ningún otro ser que tenga belleza de pies a cabeza como la mujer ellas son la vida la chispa divina, la razón de ser qué de raro tiene que me haya perdido por una mujer qué de raro tiene que me esté muriendo por una mujer
No les apiade mi dolor profundo yo solo fui el culpable en mi fracaso porque pude haber sido el rey del mundo pero encontré mujeres a mi paso
A los que como amigo ayer me tuvieron en un pedestal a los que me quisieron allá cuando tuve familia y hogar a los que me olvidaron apenas mi estrella dejó de brillar a todos los que quieran saber mi tragedia se las voy a contar
Todas las mujeres ejercen en mi alma un raro poder aquellos que tengan el mismo problema me van a entender una cara hermosa y un cuerpo de diosa me hicieron caer qué de raro tiene que me haya perdido por una mujer qué de raro tiene que me esté muriendo por una mujer
Los estándares de afinación musical cambiaron según las épocas, pero incluso en un mismo tiempo era frecuente encontrar variaciones. El órgano de una catedral londinense del siglo XVII, por ejemplo, podía estar
afinado cinco semitonos más bajo que un virginal de la
misma ciudad.
El virginal es un tipo de clave, clavicémbalo o espineta pequeña
que empezó a difundirse en los Países Bajos hacia el siglo XVI. Sus cuerdas corrían
paralelamente al teclado o a veces en diagonal. El nombre surge probablemente
del latín virga (palo, rama, bastón, vara, verga) aunque también podría provenir de virginâlis, pues era tocado generalmente por mujeres jóvenes.
La palabra italiana spinetto o espineta se aplica tanto
al virginal como a un instrumento similar con forma de ala de pájaro.
"Muchacha sentada ante el virginal" Johannes Vermeer (1675) Óleo sobre tela 51,5 x 45,5 National Gallery of London
En media hora, a las 21, por Comedy Central, retorna a la pantalla el gran súper actor canadiense Michael Andrew Fox, protagonista de la trilogía más divertida de la historia del cine, o sea: de la mejor película de todos los tiempos.
Une jeune fillette
de noble coeur
plaisante et joliette
de grand valeur
outre son gré
on l'a rendu nonette
cela point ne luy haicte
d'où vit en grand douleur.
Un soir après complie
seulette estoit
en grand mélancolie
se tourmentoit
disant ainsi: "Douce Vierge Marie
abrège moy la vie
puisque mourir je doy
Mon pauvre coeur soupire
incessament
aussi ma mort desire
journellement
qu'à mes parent ne puis mander n'escrire.
Ma beaute fort empire
je vis en grand tourment
Que ne m'a-ton donnée
a mon loyal amy
qui m'a tant desirée
aussi ay'je moy luy?
Toute la nuit me tiendroit embrassée,
me disant sa pensée
et moy la mienne a luy
La mort est fort cruelle
a endurer
combien qu'il faut par elle
trestous passer
Encor est plus le grand mal qui s'endure
et la peine plus dure
qu'il me faut supporter
Adieu vous dis, mon père
ma mère et mes parents
qui m'avez voulu faire
nonette en ce convent.
Où il n'y a point de resjouissance
je vis en deplaisance
je n'attends que la mort
Adieu vous dis les filles
de mon pays
puisu'en cette abbaye
me faut mourir
En attendant de mon Dieu la sentence
je vis en esperance
d'en avoir reconfort"
***
Una joven doncella
de noble corazón
tan dulce como bella
y de gran valor
quien contra su voluntad
fue metida a monja
cosa que odia
y ahora vive un gran dolor
Una noche después de misa
estando sola, melancólica, culpándose a sí misma
rezó así: “Dulce Virgen María
termina con mi vida
pues quiero morir
Mi pobre corazón
suspira incesantemente
y a diario deseo la muerte
no puedo escribir ni decir nada de esto a mis padres
mi belleza se desvanece
y vivo en gran tormento
Por qué no le fui dada a mi fiel amigo
quien me quería tanto como yo a él
quien me sostendría en sus brazos toda la noche
confiándome sus pensamientos
y escuchando los míos
La muerte es algo muy cruel de tolerar
qué se necesita para someterse a ella
pero es peor soportar este mal
y aún más difícil la pena
quién podría ayudarme
Adiós padre mío
adiós a mi madre y mi familia
a quien decidiera encerrarme como monja
en este convento sin alegría
donde soy miserable y sólo espero la muerte
Adiós muchachas de mi país
esta es la abadía donde he de morir
y esperando el juicio de Dios
me voy con la esperanza
de hallar consuelo